EL MILAGRO DEL GENIO GRIEGO EN LAS ARTES PLÁSTICAS


En medio de las inquietudes propias de las guerras que se sucedieron después del triunfo de los griegos sobre los persas y de la peste que azotó a Atenas, durante la cual perdió la vida Pericles (429 antes de Cristo), el espíritu heleno jamás decayó. Justas literarias y campeonatos deportivos siguieron su ritmo normal en las fiestas nacionales y en los juegos olímpicos. Las discusiones filosóficas, por su parte, pusieron de relieve una vez más la genialidad de este pueblo, que hizo pensar en un verdadero milagro griego.

En cierta oportunidad, después de las guerras del Peloponeso, dos famosos pintores de la escuela jónica, que se habían trasladado a Atenas, compitieron por la ambicionada corona de laurel que había de consagrar al mejor de los pintores de la época.

Zeuxis y Parrasio, que así se llamaban nuestros protagonistas, pintaron sendos cuadros para que un jurado decidiera cuál de los dos había reflejado con más realismo una ilusión óptica. El de Zeuxis, artista que gozaba ya de gran prestigio, reproducía una cesta llena de uvas de manera tan real, que al momento bajaron varios pájaros para picotear los racimos.

-Como ves -le dijo Zeuxis a su rival-, hasta los pájaros se engañaron, pues bajaron a comer las uvas de mi cesta. Muéstranos ahora tu obra.

-Realmente me siento asombrado por tú ingenio -contestó Parrasio-; creo que ganarás el torneo, pero te ruego ¡que corras esa cortina para que puedan ver mi modesto trabajo.

Zeuxis, seguro del triunfo, se dirigió al: lugar que le indicaba su rival para correr la cortina, pero grande fue su asombro cuando comprobó que se trataba nada más que de una ilusión, pues la tela que había pintado Parrasio era, precisamente, la reproducción de un telón.

-Como puedes apreciar, querido amigo -agregó inmediatamente Parrasio-, tú has engañado a los pájaros, pero yo te engañé a ti, nada menos que a ti, que eres un gran artista.

El jurado, frente a prueba tan evidente', otorgó la corona de laurel a Parrasio, y Zeuxis, que no era envidioso como cuadra a todo hombre de bien,' se confundió con él en un estrecho abrazo, sellando de ese modo una amistad verdadera que no enturbió la rivalidad artística.