LAS PLANTAS MEDICINALES


Gran número de plantas que se recolectan en todo el mundo se utilizan en la preparación de medicinas; el descubrimiento de las propiedades curativas o preventivas de algunas de estas plantas ha influido mucho en la vida del hombre.

Por ejemplo, el aceite de los eucaliptos, árboles originarios de Australia y hoy aclimatados en Europa y América, se emplea mucho en el tratamiento de la gripe, el asma y la bronquitis, a pesar de que fue sólo hacia fines del siglo xix, poco más o menos, que sus valiosas propiedades lograron apreciación. El aceite se exprime de las hojas de varias especies distintas de eucaliptos, que alcanzan gran altura y que están siempre verdes. Existen ejemplares que llegan a tener ciento veinte metros de altura.

Las flores crecen en umbelas, es decir, mazos o copos que tienen forma como de paraguas, y las semillas son muy pequeñitas, en marcado contraste con el tamaño de los árboles. Las hojas, gruesas, lisas y coriáceas, por lo general penden verticalmente del árbol.

Pero no es sólo el aceite que se extrae de las hojas el que le da valor al árbol: también la madera es de gran utilidad; y aunque al cortarse es blanda, de suerte que puede labrarse con facilidad, luego se endurece y se vuelve sumamente duradera. Como es un árbol de rápido crecimiento, tiene mucho valor comercial. En algunas especies la corteza rinde tanino.

Otra planta medicinal valiosa es el quino, de América del Sur, del que se obtienen la quina y la quinina. Es miembro de la familia de las rubiáceas, que agrupa plantas bien conocidas, como las gardenias y galios, la rubia tinctorum, de la que se extraen colorantes, y el cafeto, que nos proporciona el aromático café.

Los quinos comprenden varias especies del género Cinchona. Son arbustos o árboles siempre verdes y de hojas opuestas. Alcanzan alturas variables, aunque en las regiones montañosas más altas de los Andes raro es que pasen de los tres metros. Aparentemente el clima influye más en su crecimiento que el terreno. Durante mucho tiempo los quinos sólo fueron conocidos en Europa por la corteza, y por ello se los clasificó según el aspecto de esa parte de las plantas, y de allí su división en quinos grises, amarillos, rojos y blancos. Las flores de este árbol están dispuestas en número de cuatro a seis, en cimas; son blancas, rosadas o purpúreas, muy perfumadas y con una bráctea. El aspecto de estas flores tiene bastante semejanza con el de las lilas.

Hasta la primera mitad del siglo xix todos los abastecimientos venían de América del Sur, donde los indios hacen el penoso trabajo de recolectar la corteza durante la seca. Se cortan los árboles tan cerca de las raíces como es posible y luego se descortezan, secando la cáscara en los casuchos donde viven los indios.

Por supuesto, ésta es una manera antieconómica de recoger producto tan valioso, y como parecían existir probabilidades de que el árbol escaseara, los botánicos europeos trataron de introducir su cultivo en Europa, Asia y África. Pero todas las tentativas fracasaron, hasta que sir Clements Markham, el explorador británico y ex secretario de la Real Sociedad Geográfica, fue a Perú y a Bolivia. Con grandes riesgos obtuvo plantas jóvenes y semillas. El relato de cómo fueron obtenidas estas plantas, y luego introducidas en la India, es una de las grandes aventuras de la botánica.

Los nativos se mostraron muy hostiles al explorador, y el gobierno de Bolivia le opuso cuanto obstáculo pudo para evitar que obtuviese plantas. Se temía perder el importante monopolio. Además, el clima en los lugares donde había que buscar las plantas era sumamente insalubre, los bosques casi inaccesibles, y no existían caminos de ninguna clase.

Sir Clements Markham no confió solamente en sus propios esfuerzos. Obtuvo la cooperación de colectores europeos en otros distritos y, por fin, en 1860, logró embarcar desde Perú 456 plantas de diversas especies de quino. Casi todas murieron, pero tras muchos ensayos se consiguió que crecieran con éxito en las lomas del Nilgiris, en la India, por medio de semillas, y luego se diseminaron por otras partes de aquélla, llegando hasta Burma y Ceilán. Ahora el quino, o árbol de la quina, también se cultiva en las Indias Occidentales (Antillas o islas del mar Caribe), en Java y en otros países.