LAS FAMILIAS DE LAS PLANTAS


Muy interesante sería conocer todas las especies de plantas, pero son tan numerosas, que no deja de ofrecer bastante dificultad su estudio. En América septentrional, por ejemplo, hay unas 2.000 especies de árboles, arbustos y hierbas silvestres; más variada y rica es todavía la vegetación en América del Sur, y si recorriéramos toda la superficie de nuestro planeta, hallaríamos que pasan de 350.000 las diversas especies de plantas. Si tan variados son los habitantes del bosque o de la pradera, ¿de qué medio nos valdremos para conocer sus nombres? Difícil tarea sería, en verdad, si los botánicos no nos hubieran facilitado la clasificación con sus pacientes esfuerzos.

Primeramente descubrieron que ciertas plantas, entre las cuales se notaban grandes diferencias de tamaño, costumbres, forma de las hojas o color de las flores, coincidían tanto en la disposición de éstas como en su estructura.

Los botánicos han notado, pues, estas semejanzas de familia, y por medio de ellas han podido clasificar los miles y miles de plantas en reducidos grupos. Gracias a esta labor, en lugar de buscar, sin guía alguna, el nombre de una flor en el catálogo general de plantas, averiguamos primero, examinando su estructura, a qué familia pertenece, y entre los miembros que la componen miraremos cuál es el que mayor parecido guarda con el ejemplar o los ejemplares de nuestro caso.

En la historia de la vida de los animales vimos que éstos se clasifican en grupos, a causa de la semejanza que entre sí podían ofrecer.

Si por las calles encontramos un galgo, y más allá un mastín, y luego un podenco, un perro de aguas o de Terranova, conocemos todos tan perfectamente su estructura general que, sin vacilación alguna, afirmaremos que son perros. Y si visitamos la colección de un parque zoológico y vemos un lobo, adivinaremos al instante que es de la misma familia.

Lo mismo podemos decir de los gatos negros, atigrados, de Angora, de China, etc. Al ver en la jaula un león o un tigre, no nos queda duda de que estamos en presencia de un individuo de la familia de los félidos, esto es, de la familia a que pertenecen los gatos, sólo que es algo más feroz que los que solemos acariciar en nuestra casa.

Análoga regla puede aplicarse a todos los seres vivientes, sean animales o plantas, y el descubrimiento de esas relaciones de familia ha simplificado en gran manera la materia.

Lo que deberíamos hacer en primer lugar es adquirir una idea general de los rasgos más salientes que caracterizan a cada una de esas familias. Supongamos que nuestro país tiene unas 20.000 plantas silvestres, las cuales están agrupadas en un centenar de familias aproximadamente: agradable pasatiempo será para nosotros averiguar a qué grupo pertenecen las lindas flores que hemos cogido durante un paseo por el campo.