CHILE: SU CONQUISTA E INDEPENDENCIA


Chile es el país que alcanza dentro del territorio continental americano la latitud más avanzada hacia el Sur; el cabo de Hornos, su punta meridional, hállase a los 56°32', en tanto que hacia el septentrión toca el paralelo de los 17°32'. Más de 4.000 kilómetros separan, en línea recta, estos dos puntos extremos; en cambio, el eje transversal más largo que puede medirse en Chile apenas llega a los 350 kilómetros. Es, pues, una verdadera faja de tierra, aislada del resto de los países americanos por la colosal mole de la cordillera de los Andes, llamada la espina dorsal de América del Sur, que traza la línea fronteriza con Argentina, Bolivia y Perú, países limítrofes por el Este, Nordeste y Norte, respectivamente. Por el Oeste, el océano Pacífico le abre una gigantesca puerta por la que se comunica con el resto del mundo, en tanto que al Sur, las costas magallánicas contemplan la unión de los dos océanos, Pacífico y Atlántico. La Naturaleza no ha sido pródiga con la tierra de Chile, en cuanto se refiere a esplendor vegetal: la zona del Norte, donde se hallan los yacimientos metalíferos más notables, es un desierto que somete al hombre a sus rigores, y donde para obtener su pan de cada día ha de abundar en sudor y fatiga. Empero, avanzando hacia el Sur, y a medida que penetramos en la región favorecida por las precipitaciones pluviales, la vegetación cobra vigor, hasta sorprendernos con la magnífica ostentación de sus gigantescas coníferas, entre las que se yergue soberana la araucaria, cuya altura suele sobrepasar los cincuenta metros en algunos ejemplares.