COMO DEBEMOS PENSAR


Los hombres piensan constantemente, aunque muchos no se detienen nunca a examinar lo que piensan y cómo piensan. Y esta facultad, de la que tanto nos envanecemos, es, por lo dicho anteriormente, la gran desconocida para muchos. Sin embargo, nada hay tan útil y necesario como esta reflexión: lo que hace que unos hombres sean ignorantes y otros no, es que los primeros no saben pensar, y sí los segundos.

Para empezar, Partamos de algunos ejemplos, tomando en primer lugar, uno elemental, próximo a la vida natural y por lo tanto más instructivo. Evoquemos al niño que, con gesto simplemente esbozado, trae a su madre las flores que recogió en el campo, y dice con entonación triunfal: “Mira, soy yo quien las ha recogido”. ¿Hay una frase más sencilla y un gesto más casero, que la frase y el gesto del niño? Con todo, en ellos se esconde ya un mundo de afirmaciones y de pensamientos: el niño se señala a sí mismo, se ofrece al reconocimiento y a la admiración de la madre; su frase equivale a si dijera: “Soy yo, este yo aquí presente, el que ha recogido las flores y, sobre todo, no vayas a creer que ha sido mi hermano o la niñera”.

Sin embargo, el niño no repara en todo lo que su frase significa; sus afirmaciones de gesto, de palabra y de entonación son afirmaciones vividas, no reflexionadas.

Tomemos ahora otro ejemplo. Durante miles de años los hombres levantaban su mirada al cielo, veían el Sol y las estrellas, los nombraban, tenían una idea de ellos; pero, hasta que Giordano Bruno dijo: “Las estrellas son soles, y el Sol es una estrella”, a nadie se le había ocurrido unir en una afirmación estos dos términos. Y, sin embargo, este juicio era verdad, y enriquecía a la humanidad con un conocimiento que serviría para entender mejor al Universo. Antes los hombres habían dicho y decían muchas cosas del astro de la mañana y de las estrellas de la noche, pero no se dieron cuenta de la comunidad de naturaleza que había entre ellos.

Estos ejemplos nos muestran cómo en la vida enunciamos constantemente lemas e ideas sin reflexionar en la riqueza de pensamiento que ellas encierran o sin darnos cuenta de verdades elementales que a ellas se refieren. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que quienes lo hacen saben pensar. Aprendamos de ellos.