De qué manera pueden cultivar se plantas sin tierra


Se ha demostrado que el suelo no es indispensable para el cultivo de plantas. Antiguamente se creía que los plantas asimilaban la propia tierra. En el siglo xvii, un flamenco, Juan B. van Helmont, plantó un arbusto del género Salix en una maceta y lo conservó durante cinco años sin proporcionarle otra cosa sino agua. La planta aumentó 74 kilos y medio y el suelo perdió sólo 56,70 gramos.

Algo más de un siglo transcurrió desde que van Helmont pesó su arbusto, hasta que un médico holandés, Jan Ingenhousz, y un químico inglés, Joseph Priestley, demostraron que las plantas verdes absorben carbono del anhídrido carbónico del aire. Este descubrimiento proporcionó la clave para lograr el mejor y más racional estudio del crecimiento de las plantas.

A mediados del último siglo, un investigador alemán, Julius von Sachs, inició el estudio del papel desempeñado por el suelo en el crecimiento de las plantas. Utilizando los métodos químicos algo imprecisos de su tiempo, determinó los minerales contenidos en el suelo. Incluso cultivó, con cierto éxito, plantas en soluciones de estos minerales. Vino luego un gran número de investigadores interesados en determinar exactamente los elementos que debe contener el suelo para el desarrollo de las plantas. Estos científicos cultivaron plantas en suelos preparados de varias formas. Uno de los suelos contenía todos los elementos vitales, pero en reducida cantidad; en otro suelo faltaban uno o más elementos, y en un tercero se ponía un exceso de uno o más de estos elementos. Estos experimentos probaron que se podían clasificar los elementos necesarios con arreglo a la cantidad que se necesitaba de los mismos, en dos grupos: elementos fundamentales y secundarios, llamados trazas. Diferentes plantas, sin embargo, requieren cantidades distintas de elementos.

Los elementos fundamentales que necesita una planta son: carbono, oxígeno, hidrógeno, potasio, calcio, magnesio, nitrógeno, fósforo y azufre. Los secundarios, o trazas, son: hierro, boro, manganeso, cinc y quizá cobre. Éstos se denominan así por necesitarlos las plantas en cantidades muy pequeñas, si bien, para que prosperen, ellas necesitan todos los elementos, los que deben estar en disolución, por ser la única forma en que las plantas pueden absorberlos. El desarrollo de éstas se ve favorecido por la presencia de aire en el suelo o en la solución.

El doctor William F. Gericke, de California, dedujo de todos estos trabajos la posibilidad de cultivar plantas sin tierra. Hacia 1929 empezó a preparar recipientes de poco fondo destinados a pruebas con soluciones. Cubrió los recipientes con una malla de alambre y sobre ella extendió una capa de turba, cascarilla de arroz o virutas de pino, de 5 centímetros de espesor. Por los recipientes hizo circular una solución acuosa de los principales elementos llamados trazas. Las virutas tenían por objeto recoger la humedad de la solución circulante, y entre ellas se pusieron semillas de plantas que se desarrollaron hasta alcanzar sus raíces, a través de la malla, la solución y quedar bañadas por ella. El doctor Gericke fue variando la proporción de los elementos de la solución hasta conseguir precisar las cantidades más convenientes para cada planta. Este método se conoce con el nombre de hidroponía, que significa “labor de aguas”.

Otro sistema de cultivar plantas sin tierra consiste en utilizar arena limpia, a través de la cual se hace circular la solución nutricia. La arena actúa como soporte de las semillas, es decir, tiene la misma misión que la malla de alambre y las virutas en el método descrito anteriormente.

Para obtener buenos resultados es necesario que la solución se adapte a las diversas necesidades de cada especie vegetal. Incluso una misma planta requiere modificaciones en la solución, de acuerdo con su etapa de desarrollo y con la estación. Así, los tomates necesitan menos nitrógeno durante los cortos días de invierno que durante los largos y brillantes días de la primavera y el verano.

Los cultivos hidropónicos han salido ya de la fase del laboratorio. En California hay varias granjas hidropónicas que obtienen buenos beneficios. En los restaurantes de algunos trenes se sirven verduras cultivadas en tanques. Las verduras no son las únicas plantas que se cultivan en esta forma. Algunas de las rosas y lilas que se ven en los mercados nunca han hundido sus raíces en el suelo.

Aunque la preparación de una solución nutritiva sólo requiere sustancias químicas que son relativamente baratas y abundantes, la construcción de tanques, para cubrir áreas extensas, resulta muy costosa. También aumentan el costo de los cultivos hidropónicos las bombas que son necesarias para hacer circular la solución. Todo esto, como puede deducirse, limita el cultivo de plantas sin tierra.