De cómo Esopo, un esclavo ingenioso, reprendía a los sabios de Atenas


Esopo, que primeramente había vivido entre esclavos y luego entre hombres libres, fue llamado al Consejo de las personas de autoridad, a quienes atañía el gobierno del Estado. En otra parte de este libro hemos ya leído algo del más sabio de los griegos, Solón, que visitó a Creso, rey de Lidia. Cuéntase que en esa oportunidad Esopo reprendió a Solón por una falta de cortesía cometida con un rey tan grande como aquél. De esto podemos inferir a qué grado de autoridad podía llegar un esclavo. Cítanse además, otras muchas cosas de Esopo, las cuales no pueden ser verdaderas. Una de ellas es que era feo y disforme, lo que hacía resaltar más su ingenio; que a los griegos les parecía extraño que un hombre esclavo y contrahecho supiese contar tan ingeniosas fábulas. Otra cosa que de él se dice es que le fue erigida una estatua; y es casi inverosímil que los griegos, grandes admiradores de la belleza de la forma, pensasen en honrar de tal suerte a un hombre tan feo y de figura ridícula. De una manera u otra, parece que la esclavitud de Esopo no fue de las más duras, pues hizo gala de tan buen humor que era regocijo de la gente.

Era común entre los griegos y los romanos que los esclavos al servicio de su señor ganasen poco a poco dinero suficiente para pagar su rescate; a pesar de esto, cuando lo habían logrado, seguían sirviendo al mismo amo, como libertos, y tenían a su servicio a otros esclavos.