Napoleón Bonaparte y la unidad de Italia


La Revolución Francesa, una de las más terribles que la historia registra, cambió el aspecto del mundo europeo, al dar como última consecuencia el imperio napoleónico. Italia también hubo de transformarse de acuerdo con la nueva tónica. Napoleón, que era italiano de nacimiento, aspiraba a crear un reino unido de entre el mosaico de pequeños estados de la península. Su acción sembró en las clases cultas los gérmenes del resurgimiento político del país, que fructificaron mucho después de la muerte del Gran Corso. Ello explica que los italianos hayan recibido a Napoleón como a su libertador, más que como a su conquistador.

Los austríacos, empero, defendieron tenazmente sus posesiones peninsulares: en la primera guerra de Italia, Napoleón hubo de forzar, a impulso de valor y tenacidad, el paso do Arcóle, tal vez la batalla más sangrienta de dicha campaña. Luego marchó hacia Venecia. La república véneta no sólo no se defendió, sino que capituló y renunció a su constitución varias veces centenaria. Como fruto de esa primera incursión napoleónica, surgieron en Italia varios nuevos estados, entre ellos, la República Cisalpina, la República Romana, la República Partenopea y la República Ligúrica.

Nombrado después primer cónsul, Napoleón inició la guerra contra Austria para reconquistar posiciones perdidas. Con grandes dificultades atravesó los Alpes por el paso de San Bernardo y cayó sobre las fuerzas austríacas, en Lombardía; logró una victoria aplastante en Marengo, y se adueñó de Italia. Después de 1804, proclamado Napoleón emperador de Francia, la República Romana, que antes lo había elegido presidente por diez años, se transformó en reino, y Bonaparte fue coronado rey de Italia en Milán, donde dejó como virrey a Eugenio Beauharnais. En el trono de Nápoles sentóse primero José Bonaparte, que luego paso al de España, y posteriormente Joaquín Murat. De tal modo, Italia se vio unificada por las armas napoleónicas; los soldados italianos prestaron su concurso de sangre en las varias guerras sostenidas por Napoleón en Alemania, Austria, España y Rusia; en esta última, dieron pruebas de arrojo y devoción al emperador en la batalla de Smolensko. Napoleón, por su parte, honró a Italia al dar a su hijo y heredero el título de rey de Roma.

La caída de Napoleón fue trágica para Italia, pues los vencedores la dividieron nuevamente, por dictado del Congreso de Viena, en siete pequeños estados bajo el predominio de Austria, que se adueñó de Lombardía y del Véneto.