Un bosque al que se está destruyendo para sacarle el caucho


Dicha región es interesante, en primer lugar, por sus vastas proporciones y por su proximidad al otro extremo, es decir, al Gran Desierto. También es interesante por las inmensas riquezas que contiene; y lo es, sobre todo, porque suceden allí ciertas cosas que dependen de la voluntad del hombre.

Hay una sustancia llamada caucho, cuyos usos son tantos y de géneros tan diversos que no es posible nombrarlos todos; y no existe en el mundo ninguna otra que pueda sustituirla para tales usos. Es producto de una planta, y la elaboran las hojas verdes. Así se va consumiendo. Es el caucho natural, y lo suministran en su mayor parte las selvas de Brasil e Indias Orientales. La constante explotación que se hace del caucho significa que la gente que llamamos civilizada, como nosotros, esta devastando esas selvas, lo cual producirá consecuencias graves. Una de ellas es que no cuidamos de la vida de los vegetales verdes, a pesar de ser tan valiosa. Se efectúan talas en donde nos interesa; y sigue haciéndose continuamente, año tras año, con mayor rapidez. No pensamos más que en el momento actual, sin cuidarnos para nada de las necesidades futuras.

Nuestro descuido y nuestra imprevisión ocasionan actualmente estragos en casi todas las partes del mundo; y en ninguna tanto como en las grandes selvas americanas y asiáticas.

Necesitamos caucho para nuestros neumáticos, y es preciso que lo obtengamos rápida y económicamente; y, mientras dura la provisión, no nos importa lo que sucederá después.

Los políticos y la generalidad de las gentes han empezado últimamente a darse cuenta de lo que los sabios venían diciendo desde hace muchísimo tiempo, y es que uno de nuestros deberes más sagrados respecto del mundo en general, y de nuestros descendientes en particular, es el de plantar árboles en vez de talarlos.

Los hombres no quieren comprender que toda la vida humana depende de las hojas verdes, y que el talar árboles es como cortar la cuerda de la cual estamos suspensos. Pero no hay duda de que llegará un día en que tendremos más discernimiento.

El hombre, al talar árboles para su provecho inmediato, no pensó en las tristes consecuencias que sobrevendrían. Regiones florecientes se convirtieron en páramos olvidados por la lluvia, el viento sopló sin trabas sobre las llanuras que antes amparaban las florestas y disipó la fina capa de tierra vegetal que es la base de la agricultura. Al ver el mal causado, se pensó en repararlo. En muchos países se iniciaron estudios sobre temas forestales. Así se supo cómo se destruían los bosques. Su mayor enemigo es el hombre, que los explota sin piedad; luego vienen el fuego, los insectos, las enfermedades de los vegetales y el viento. El fuego es muchas veces provocado por la negligencia del hombre, que, por ejemplo, arroja colillas sin apagar, u olvida fuegos encendidos.

Conocidas las causas de la destrucción de la riqueza forestal, fue posible ponerle remedio. Las legislaturas de los países más adelantados dieron leyes que amparaban los bosques, obligando a quienes los explotaban a plantar árboles nuevos para reponer los talados. Otras leyes declararon Parques Nacionales a ciertas regiones boscosas, y se prohibió su explotación terminantemente.

Para prevenir los incendios se organizó en los bosques de ciertos países, especialmente Estados Unidos de América y Canadá, un servicio preventivo, llamado Guardia Forestal, que cuenta con los elementos más modernos: aviones, helicópteros, extinguidores químicos de incendios y torres vigías. Los guardabosques vigilan desde ellas y apenas ven señales de humo comunican por teléfono la dirección en que las observan y señalan rápidamente en el mapa el foco del incendio. Allí van las brigadas de hombres, que lo apagan si pueden, y en caso contrario talan los árboles alrededor, para aislarlo y dejar que se extinga por falta de combustible.

Los diversos insectos dañinos y las enfermedades que asolan a los árboles han sido estudiados por los agrónomos. Los químicos Hallaron luego nuevos y eficaces insecticidas y remedios. Actualmente se investiga la posibilidad de acelerar el crecimiento de las plantas mediante hormonas vegetales. Si esto tuviera éxito, veríamos bosques que se han desarrollado en la mitad del tiempo normal de crecimiento. La química moderna también ha contribuido a preservar las florestas poniendo en uso plásticos que sustituyen a la madera en muchas de sus aplicaciones. Aunque parezca paradójico, la radio y la televisión también han salvado muchos árboles, pues como hacen que la gente lea menos diarios y libros, se gasta menos papel, y es sabido que éste se obtiene de la pulpa de madera. Otro aspecto muy importante del plan de rehabilitación de los bosques que han emprendido muchas naciones, consiste en difundir en las escuelas los conocimientos relativos a la conservación de recursos naturales. La divulgación de este verdadero código de cortesía para con la Naturaleza tiene mucha importancia en Estados Unidos de América y también en los países europeos.