Las distintas clases de palanca que empleamos diariamente


El columpio sólo se mantendrá en equilibrio si el peso de un niño multiplicado por su distancia al punto de apoyo del madero es exactamente igual al peso del otro niño multiplicado por la distancia que lo separa del referido punto. Este descubrimiento nos revela de qué modo funcionan las diversas clases de palancas. Observando el columpio, vemos que el niño pequeño, situado en el extremo del brazo largo y capaz de levantar al niño mayor que está en el otro lado, obra como una palanca. Su acción es exactamente igual a la de un hombre que maneja una palanca, ejerciendo por un extremo una fuerza relativamente escasa, pero que equivale, en el otro extremo, a un esfuerzo considerable.

Para hacernos cargo de la causa a que esto es debido, es preciso que consideremos el columpio como una especie de balanza que tuviese un brazo largo, a cuyo extremo se aplica una fuerza, y un brazo muy corto por el otro lado. El mismo principio es aplicable a las tenazas que, según sabemos, tienen brazos cortos y largos, y a los cascanueces, así como a los remos de las embarcaciones, y a otras muchísimas cosas.

Fácilmente se comprenderá que se dé con frecuencia el caso de que un cuerpo en reposo se halle sometido a la acción de fuerzas que no están exactamente equilibradas ni son opuestas unas a otras. Si lo estuviesen, el cuerpo en reposo permanecería inmóvil. Pero si las fuerzas no se equilibran, el cuerpo sobre el cual obran tendrá que ponerse en movimiento. Ahora bien. ¿Cómo se moverá? ¿Con qué velocidad y en qué dirección? ¿Podemos acaso determinar de antemano el camino que seguirá el cuerpo, si sobre él obran dos o más fuerzas de intensidad diferente, tirándolo en distintas direcciones? La contestación que puede darse a estas preguntas es que, si bien el problema es complicado, las leyes del movimiento nos permiten resolverlo. Toda fuerza, tiene su valor propio, tanto en lo referente a su intensidad como en lo tocante a su dirección; lo mismo si se trata de una sola fuerza, que tratándose de un millón; y si conocemos la intensidad y la dirección de todas las fuerzas que obran sobre un objeto, es posible determinar en qué dirección y con qué velocidad se moverá dicho objeto.