Los movimientos costumbristas y el color local


Una de las particularidades que distinguen la primera mitad del siglo xix son las escuelas nacionales inspiradas en el color local. Prácticamente puede decirse que la conciencia nacional se despertó con el romanticismo, pero el movimiento fue entonces simple intención. Federico Chopin (1810-1849), Franz Liszt (1811-1886) y Federico Smetana (1824-1884) son considerados precursores en ese sentido, pero la verdad es que el movimiento como escuela nació en las lejanas tierras del nordeste europeo. El abundante folklore surgido entre la nieve y las heladas estepas, en medio del alegre tintineo de los trineos, inspiró a los compositores páginas de finas sugerencias como las brumas que cubren su cielo.

La primera escuela nacional perfectamente definida que marcó rumbos y derroteros fue la escuela rusa, que iniciaron Miguel I. Glinka (1803-1857) y Alejandro Dargomijski (1813-1869). y cuyo apogeo lo señala el llamado Grupo de los Cinco, que integraban Alejandro Borodin (1834-1887), César Cui (1835-1918), Mili Balakirev (1837-1910), Modesto Mussorgski (1839-1881) y Nicolás Rimski-Korsakov (1844-1908), quienes se opusieron abiertamente tanto al romanticismo como a la influencia alemana de Wagner. A la reforma nacional del Grupo de los Cinco se contrapone la labor de Pedro Chaikovski (1840-1893), que representa la corriente occidentalista dentro de Rusia.

El ansia de originalidad y el ejemplo dado por los rusos fueron imitados por sus vecinos nórdicos, cuyos compositores explotaron hábilmente el folklore nacional. El compositor más afamado dentro del grupo escandinavo fue el noruego Eduardo Grieg (1843-1907), por el sentido poético de sus maravillosas obras, entre las que se destacan dos suites para orquesta. Las danzas noruegas y el siempre recordado Concierto en la menor para piano y orquesta. Junto a él sobresalen otros dos noruegos: Severino Svendsen (1840-1911) y Cristian Sinding (1856-1941). v un danés, Niels Wilhelm Gade (1817-1890).

Dentro de las escuelas nacionales señalaremos una que geográficamente es su polo opuesto, aunque el espíritu y la orientación siguen siendo los mismos: se trata de la escuela española, que guarda gran similitud con la rusa por el colorido y el sentido popular de su inspiración.

Inicia la escuela nacional española Felipe Pedrell (1841-1922), al exhumar viejas composiciones musicales de la Edad de Oro, que los españoles habían olvidado seducidos por corrientes foráneas como la italiana y la francesa. La lista se integra con nombres tan ilustres como los de Isaac Albéniz (1860-1909) o Enrique Granados (1867-1916), para culminar con Manuel de Falla (1876-1946),considerado como una de las figuras más representativas dentro de las corrientes modernas. La transformación del estilo de Manuel de Falla es el resultado de su larga permanencia en París, donde estuvo en contacto con los autores más prestigiosos de la primera preguerra mundial. Con una maestría y una genialidad difíciles de igualar, aunó las características de las nuevas corrientes con una profunda inspiración andaluza-castellana del folklore español, produciéndose en su nacionalismo musical un verdadero fenómeno de transubstanciación, en razón de que trascendió las fronteras nacionales para adquirir sentido verdaderamente universal.

De estas figuras cumbres del arte musical español derivan compositores hispanoamericanos que honran a España y a los países donde actúan: Estados Unidos, México, Argentina y Uruguay. La lista es muy larga, pero de ella se pueden entresacar algunos nombres: Federico Mompu (1893), Joaquín Nin (1893), Adolfo Salazar (1890), Jaime Pahissa (1880), Rodolfo Halffter (1910) y muchos más, quienes se destacan tanto en la composición como en la crítica, figurando algunos de ellos entre los grandes musicólogos de la hora actual.

Dentro del teatro lírico, la zarzuela, como ya se ha dicho, representa la popularización de la lírica en España; Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), Emilio Pascual Arrieta (1823-1894), Federico Chueca (1846-1908). Tomás Bretón (1850-1933), Ruperto Chapí (1851-1909) y Amadeo Vives (1871-1932) son algunos de los tantos nombres que honran al género.