Andrés Bello, una figura notable de la cultura americana


En el año 1829 llegaba a Chile, contratado por el presidente Pinto y procedente de Londres, el filósofo, jurisconsulto y político venezolano don Andrés Bello, uno de los más representativos valores de la cultura hispanoamericana.

Bello había nacido en Caracas, el año 1781; por lo tanto su personalidad comenzó a formarse en los últimos días coloniales y los primeros de la Revolución, en cuyas filas lo hallamos militando desde un comienzo. En efecto, la Junta Revolucionaria de Caracas comisionó a Bolívar y López Méndez para hacer gestiones en Londres en favor de la revolución del 19 de abril, y designó secretario de esa embajada extraordinaria a Andrés Bello, cuya personalidad, talento y patriotismo lo destacaban entre sus contemporáneos.

Cumplida la misión, Bolívar y López Méndez regresaron a Venezuela, en tanto que Bello, atraído por la intensa vida intelectual europea y acicateado por el deseo de ampliar su cultura en medio tan propicio, resolvió quedarse en Londres, donde permaneció 19 años.

Durante su estancia en la capital británica, abandonado por sus compatriotas, llegó a vivir momentos muy difíciles, hasta el punto de correr el riesgo de ir a la cárcel por deudas. En momentos tan críticos, su amigo Blanco White lo presentó a William Hamüton, y pudo así Bello ganarse la vida como preceptor de los hijos del ministro inglés.

En la capital británica publicó La Biblioteca Americana y El Repertorio Americano, cuyo fin era dar a conocer en Europa la naturaleza, la historia y la cultura del Nuevo Mundo; en el primer número de esta última revista vio la luz la Silva a la agricultura en la zona tórrida, intento de poema continental con manifiestas influencias virgilianas, y su obra poética de mayor valor. También hizo, en esta época, una adaptación al castellano moderno del Poema del Cid y otros muchos trabajos de erudición.

En 1829, llamado por el presidente Pinto, partió para Chile, donde pasó el resto de su vida. Su labor universitaria y legislativa allí realizada fue extraordinaria, y puede considerársela paralela al desarrollo de la educación pública de su patria adoptiva, donde tuvo ocasión de discutir y alternar con otro gran educador americano, Domingo F. Sarmiento.

Así como la Silva a la agricultura en la zona tórrida, según antes dijimos, es la mejor de las obras poéticas de Bello, su Gramática Castellana es la obra fundamental de este hombre de letras, que hizo con ella una labor verdaderamente revolucionaria, a la que la posteridad ha hecho verdadera justicia reconociendo sus méritos, desde el punto de vista pedagógico y filológico.

De entre el monumental conjunto de sus obras completas, que fueron editadas en quince volúmenes, y calificadas por Menéndez y Pelayo como “el principal monumento de la cultura americana”, podemos señalar su Derecho Internacional, su Compendio de Historia de la Literatura y un Estudio sobre “La Araucana”. Intervino también en la redacción del Código Civil chileno.

Andrés Bello falleció en Santiago de Chile el 16 de octubre de 1865, a los 85 años de edad. Sus exequias fueron costeadas por el Estado, se dio su nombre a una de las plazas de la ciudad y, por suscripción popular, se le erigió una estatua a la entrada del Congreso, al celebrarse en Chile el centenario de su nacimiento.