Los ardides del cinematógrafo


Muchas de las estratagemas y ardides que vemos en las películas se hacen valiéndose de muñecos que se asemejan a los actores y que se introducen en momento oportuno. Por ejemplo, algunos de vosotros habréis visto en una película lo que al parecer es un terrible accidente. En esos casos, precisamente cuando el automóvil estaba a punto de arrollar a un hombre la cámara paró y el muñeco fue substituido. Quizás en la vista el auto le pasó por encima y, aparentemente, le tronchó las piernas. Estas fueron movidas por medio de alambres invisibles. Vino entonces el médico, corriendo, y le colocó las piernas en su debida posición. Aquí paró nuevamente la cámara y el actor volvió a ocupar el lugar del muñeco o maniquí, levantándose como si tal cosa y brincando y bailando al empezar a funcionar nuevamente la cámara.

En el mundo hay muchos miles de teatros cinematográficos. ¿Es posible imaginarse lo que harán, con el tiempo, las películas que en ellos se exhiben? Pueden enseñamos historia y geografía por medio de los "films", en vez de usar libros. Hoy día es frecuente sacar vistas cinematográficas de acontecimientos importantes, guardándose las copias de la cinta en lugares seguros. Dentro de cincuenta años el mundo podrá ver con exactitud como vivía, vestía y se comportaba la gente de hoy.

Algún día, y no muy lejano, el cinematógrafo podrá ofrecernos los grandes acontecimientos casi inmediatamente después que hayan tenido lugar y esto se logrará en cuanto se haya perfeccionado la transmisión eléctrica de la fotografía. Ya tenemos perfeccionado el cinematógrafo parlante que, aplicando las enseñanzas de la radiotelefonía, nos permite oír todos los sonidos de la película, las voces de los actores, el murmullo de las olas y el cantar de los pájaros que estamos viendo en la pantalla, tal cual si fueran seres y cosas animadas que desfilasen por la escena ante nosotros.