Por qué suelen nacer las flores en primavera debajo de los árboles o arbustos


La circunstancia expuesta al fin del párrafo anterior explica por qué algunas plantas parecen darse tanta prisa en asomar la cabeza a la superficie en cuanto cesan las heladas, y por qué desaparecen al poco tiempo. Si fijamos la atención en el lugar donde crecen las flores de primavera, veremos que casi siempre es a la sombra de árboles, de arbustos, o de plantas que en verano se visten de abundantes hojas.

Desde hace muchísimos años, algunas plantas de flor pequeña parecen haberse dado cuenta de que hallándose rodeadas de flores más valiosas y de tallo más alto, corrían peligro de no ser vistas por los insectos encargados de polenizarlas. Por otra parte, sus flores estaban adaptadas a las dimensiones de los insectos encargados de trasladar el polen. Hallaron, pues, una solución, que consistía en agrupar sus floréenlas en gran número. Ciertas de ellas, como el erísimo, el galio o cuajaleche y la aspérula, tienen flores diminutas, amarillas o blancas, cada una de las cuales nace de un pedúnculo muy corto; pero estos pedúnculos están colocados, en número de veinte o treinta, al extremo de un largo tallo. De este modo todas las florecillas se juntan para formar una inflorescencia llamada cima en el caso del galio y la aspérula, y racimo en el del erísimo, siendo visibles, por tanto, desde lejos, lo mismo que una flor de gran tamaño.