Algunos zorros acostumbran robar sus habitaciones al tejón y a otros animalitos


Los cazadores de zorros no suelen ir a buscarlos a la guarida del tejón, y, no obstante, muchas veces allí es donde los encontrarían. El hecho no obedece a que el zorro sea tan torpe que no pueda fabricarse su hogar, sino a que frecuentemente juzga oportuno establecerse en el del tejón, después de alejar a éste con su astucia proverbial. Introdúcese, pues, en la mansión de este animal industrioso, el cual, no teniendo nada que temer, gracias a su propia fuerza, no se opone a la invasión. Pero sucede que el tejón, a la larga, no puede soportar la vecindad del zorro, a causa de las profundas diferencias que los separan, ya que siendo el primero sumamente aseado, le repugna una criatura desidiosa y abandonada, o que por lo menos se conduce con muy poca limpieza mientras está en compañía de su hospedador. Así, pues, el tejón se resigna a marchar a otra parte, para excavarse una nueva vivienda donde no se lo moleste.

Pero el tejón no es el único que tales vejaciones sufre por causa del zorro; algo semejante, aunque mucho peor, le sucede al manso conejo. El conejo de campo es también un gran zapador. Empieza haciendo un hoyo, que cava en sentido inclinado, hasta haber alcanzado cierta profundidad: luego dirige hacia arriba esta galería oblicua, y un poco más lejos la agranda, formando la habitación que ocupará con su hembra y sus pequeñuelos. A veces el zorro, persiguiendo al conejo, se abre camino a través de la galería, devora a las crías y luego, hallando agradable la vivienda, se queda allí.

No se crea, sin embargo, que sea el descrito el único modelo arquitectónico conocido o seguido por el conejo. Entre una carretera y la orilla de un río, en un terreno minado por muchos centenares de conejos campestres, pudo observarse una vez cómo, para no ser perseguidos por sus enemigos, habían abierto un largo túnel suplementario, puesto en comunicación directa con cada una de las madrigueras. A la menor alarma, los prudentes animales se precipitaban por este túnel, y siguiendo las galerías, que sólo ellos conocían, se refugiaban en sus respectivos hogares.

Lo dicho hasta aquí acerca del zorro se refiere al europeo. Existe en América un zorro gris, que hace sus viviendas, bien abrigadas, en los agujeros de los árboles viejos. El zorro ártico es más industrioso, como conviene a un animal que tiene que luchar con el temible invierno polar. Para combatir el frío, se agrupan en colonias de treinta o cuarenta individuos, y abren profundas madrigueras muy próximas entre sí, pero independientes. Todas comunican con un túnel general, pero cada zorro utiliza sólo su habitación, sin penetrar jamás en la de sus vecinos. Y acurrucados allí, desafían los rigores de las más bajas temperaturas que puedan registrarse en tales latitudes.