Cómo se efectúa la mágica metamorfosis de las abejas


Las abejas, como todos los insectos, presentan en su evolución de huevo a animal adulto una serie de estadios más o menos complicados, denominado metamorfosis. Consiste ésta en una serie de extraños fenómenos celulares que son, según muchos biólogos, una cadena de reacciones que transforman, en el término de pocas horas, las gigantescas células de la larva, casi sin forma ni movimiento, en el insecto adulto, perfecto, completo, inmutable ya en sus formas y coloridos definitivos.

Sigamos en sus pormenores este proceso de transformación tal cual se da en las abejas. En primer lugar éstas han preparado, para recibir los huevos fecundados, celdas de dos tamaños: las comunes, llamadas celdas de obreras, y otras mayores, denominadas celdas reales. Los huevos depositados en las celdas comunes se transforman en larvas, son alimentadas, como vimos, por las abejas jóvenes; a esta alimentación se continúa seis o siete días, momento en que la blanca larvita ocupa totalmente la celda y ésta es sellada para que pueda proseguir su posterior evolución y convertirse primero en ninfa y después en imago o adulto.

Cuando los huevos son depositados en las celdas de mayor tamaño, las larvas reciben una sobrealimentación más rica en leche de las abejas o jalea real, y esto hace que su talla, en menos tiempo, sea mayor que la de sus hermanas. Estas larvas, así tratadas, son larvas reales, y de ellas surgirán hembras más desarrolladas, denominadas reinas o madres. Varias son las diferencias entre estos dos grupos de larvas y entre las dos formas de abejas que de ellas se originan. Notemos las siguientes: las larvas reales aumentan 3.000 veces su tamaño desde que nacen del huevo, en tanto las obreras, sólo 1.700 veces; las obreras viven un máximo de cuatro o cinco meses, mientras las reinas llegan a vivir hasta tres y cuatro años. Estas notables diferencias se deben, exclusivamente, al estímulo de la valiosa jalea real.