¿Caen realmente las estrellas?


Esos cuerpos que vemos caer del cielo, y que designamos con el nombre de estrellas fugaces, no son tales estrellas. Si una estrella verdadera cayese en la Tierra, o, por mejor decir, si la Tierra cayese en una estrella, el calor de ésta nos abrasaría a todos mucho antes de que ambos cuerpos se pusiesen en contacto. Los objetos que caen son sencillamente piedras pequeñas, o guijarros, o pedazos de hierro y otros elementos. Algunas veces llegan hasta la superficie de la Tierra en forma de piedras llamadas meteoritos, pero en la mayoría de los casos son quemados o convertidos en polvo por la atmósfera terrestre. La mayor parte del polvo que el aire contiene, especialmente en las regiones superiores, está formado de “polvo meteórico”, como lo llaman los hombres de ciencia.

Sólo vemos un corto número de las estrellas que caen, y que son atraídas por la atmósfera de la Tierra; pues si bien el fenómeno se repite a cada instante, jamás vemos las que caen de día, y no porque dejen de calentarse y ponerse brillantes, sino porque los rayos del Sol impiden que las veamos. Pero como estos cuerpos llegan constantemente a nuestro globo, y la materia no puede ser aniquilada, una ínfima cantidad de la que constituye la Tierra procede, en verdad, de las estrellas fugaces o aerolitos. Éste es, sin duda, el origen del polvo que muchas veces se encuentra sobre la nieve de las más altas montañas, donde no es posible atribuirle otra procedencia.