Juan Wolfgang Goethe y Federico Schiller, geniales dramaturgos alemanes


Goethe, el más excelso poeta alemán, nació en Francfort del Mein en 1749, ciento veintisiete años después de Corneille. Extendió su fama por toda Europa con El dolor del joven Werther y el drama Goetz von Berlichingen. Compuso también Egmont, Wilhelm Meister, y en 1808 su obra maestra Fausto, poema dramático que recoge, en síntesis, el espíritu de la civilización alemana, cuya madurez se acendra bajo la doble influencia helénica y cristiana.

Diálogo de Margarita con Fausto y de éste con Mefistófeles, en el Fausto:

Margarita - Ese hombre que llevas a tu lado, me es odioso en lo más profundo del alma. Nada en mi vida me ha dado una punzada en el corazón, como el aspecto repulsivo de ese hombre.

Fausto - No le temas, ídolo mío.

Margarita - Su presencia me altera la sangre. Fuera de esto, quiero bien a todo el mundo; pero así como suspiro por verte, delante de ese hombre siento un secreto horror; y además, le tengo por un bribón. ¡Perdóneme Dios si soy injusta!

...............................

Mefistófeles - ¡La bobalicona! ¿Se ha ido?

Fausto - ¿Acechaste otra vez?

Mefistófeles - Lo he oído muy bien, punto por punto. Os han catequizado aquí, señor doctor. Espero que eso os será de gran provecho. Verdaderamente, las chicas tienen no poco interés en que uno sea devoto y sencillo a la vieja usanza. Si a esto se allana, piensan ellas, también nos obedecerá de igual modo a nosotras.

Fausto - ¿No comprendes, monstruo, que esta alma buena y sincera, llena de fe, que por sí sola le da la salvación, se atormenta santamente porque ha de considerar como perdido al hombre a quien ama más?

Mefistófeles - A ti, galanteador sensual y supersensual, una chiquilla te lleva de la nariz.

Fausto - ¡Monstruoso engendro de lodo y fuego!

Gran amigo de Goethe y extraordinario poeta y dramaturgo fue Schi-11er, quien escribió dramas, ya clásicos en la cultura tudesca, y luchó por la libertad de su país. Los más conocidos son: Los bandidos, Don Carlos y Guillermo Tell; el precursor de ambos fue Lessing, con su drama Nathan el sabio.

La tragedia Wallenstein, de Schiller, es considerada una de las más perfectas, tanto por la forma como por las ideas.

ESCENA IX

La condesa - Yo no tengo más paciencia... ¡Decidme qué pasa, por Dios!

Illo - Las tropas nos abandonan; el conde Piccolomini es un traidor.

La condesa - ¡Bien lo presentía!

Terzkv - ¡Ah, si me hubieses creído! Ya ves cómo las estrellas te han mentido.

Wallenstein (levantándose) - No: las estrellas no mienten; cuanto ocurre es contrario a su curso y al destino. La ciencia y las profecías descansan en la verdad, pero la doblez de un corazón hipócrita desmintió al mismo cielo, que cuando la naturaleza se sale de las vías comunes, toda la ciencia se extravía. Si fue una superstición la que me impidió deshonrar la naturaleza humana con tales dudas, ¡oh! nunca jamás me sonrojará mi flaqueza. Hasta en el instinto de los animales existe una suerte de religión; hasta los salvajes evitan compartir el pan con su víctima.