Polonia invadida otra vez, no pierde su amor por la libertad


La gente dice que cuanto más se lucha por conseguir una cosa, más se la ama, y ciertamente sería difícil encontrar otro pueblo que haya sufrido más que el polaco por el amor a su suelo. Siempre luchó contra sus opresores, y siempre, después de un breve período de paz y brillo, volvió Polonia a ser castigada. Ya hemos visto cómo, apenas vuelta a ser nación independiente, en 1920 fue atacada por los bolcheviques. Antes de que transcurrieran veinte años, en 1939, fue invadida por Alemania. Este ataque desencadenó la segunda Guerra Mundial, pues Francia y Gran Bretaña se apresuraron a cumplir los pactos concertados que las unían con el gobierno de Varsovia.

Polonia no se entregó sin lucha; tenía un pequeño pero bien equipado ejército, y con éste hizo frente a las poderosas divisiones germanas, que lo arrollaron. Vencida, vio sus principales ciudades arrasadas por la aviación enemiga. Poco antes de que capitulara frente a Alemania, las tropas rusas cruzaron la frontera y ocuparon la mitad oriental del país.

El gobierno polaco en el exilio formó divisiones que lucharon en todos los frentes. Cuando Alemania fue derrotada, Polonia quedó bajo el control de los ejércitos rusos. Realizado un plebiscito, el pueblo polaco desconoció a su gobierno en el exilio y eligió nuevas autoridades, trocando sus instituciones democráticas por el régimen comunista. Las fronteras polacas sufrieron algunas modificaciones, pues el nuevo gobierno cedió regiones a la URSS para que ésta pudiera contar con limites estratégicos; en cambio, fue recompensada con parte de Silesia y de Prusia. Polonia es uno de los países que más sufrieron en esta guerra, pues, aparte de los ingentes daños materiales, perdió casi tres millones de hombres, pérdida terrible para la castigada nación.