El dardo que causó la muerte al rey Guillermo el Rojo. Enrique I, el protector de su pueblo


Cierto noble, hallándose de caza en el New Forest con el hijo del Conquistador, Guillermo II Rufo o Rojo, llamado así por el color rojizo de sus cabellos, disparó una flecha que le dio muerte. Nadie sintió lo sucedido a este rey, a quien el pueblo inglés tenía muy poco que agradecer.

Le sucedió su hermano Enrique I, llamado el Sabio, quien comenzó su reinado otorgando al pueblo una carta en que prometió deshacer los yerros del gobierno de Guillermo y observar las leyes de Eduardo y de Alfredo; posteriormente, acabó de captarse la estimación general por su matrimonio con la hija de la reina Margarita de Escocia, descendiente de la antigua familia de soberanos de esa región.

La reina Matilde ayudó a su esposo en la difícil tarea de gobernar con acierto, y con su colaboración abatió Enrique el poder opresivo de los nobles y se constituyó en protector de los derechos del pueblo. Todo parecía prometer a este monarca un porvenir muy dichoso, cuando el único hijo que tenía, Guillermo, de edad de dieciocho años, pereció ahogado. Desde entonces Enrique vivió sumido en perpetua tristeza; y aunque los nobles le habían prometido aceptar por reina a su hija Matilde, cuando él muriese, fue su sobrino Esteban el que luego subió al trono.

Esteban y Matilde disputáronse largo tiempo la corona, y entretanto los barones comenzaron a construir fortalezas y a apoderarse de la propiedad privada, saqueando el país, hasta el punto de anular y destruir del todo la obra regeneradora de Enrique. Las tierras pronto quedaron incultas, y la miseria y el hambre vinieron a agobiar penosamente a la vez a opresores y oprimidos.