De cómo el rey traicionó al pueblo y fue descubierto


La Asamblea Nacional no se dio punto de descanso para que Francia fuese mejor gobernada en lo sucesivo. Se abolieron las antiguas provincias feudales, con sus leyes y costumbres opresivas, y formáronse ochenta y tres departamentos divididos en distritos, cuyos gobernadores había de nombrar el pueblo mismo. Fueron confiscados los bienes de la Iglesia y declarados bienes nacionales, y se dejó el pago del clero a cargo del gobierno. Quedaron también abolidos todos los títulos nobiliarios, y fuele quitado al rey el poder de legislar, de fijar impuestos y de decidir la paz y la guerra, como sucedía hasta entonces.

; Reconoció el rey esta Constitución, pero no pudo quedar implantado de repente un buen régimen de gobierno; el pan era todavía caro, sospechaban unos de otros, y la violencia y el desorden se extendieron por todas partes. En estas circunstancias decidieron los reyes intentar escapar de Francia y buscar auxilio en el extranjero, a fin de que Luis XVI pudiera derogar todas las nuevas leyes de la reforma y declararse rey absoluto.

¡Cómo debían latir los corazones de las personas reales, cuando, en un coche amarillo, se alejaban de las Tulle-rías, por los caminos enlodados, sumidos en la oscuridad de aquella noche estival! Pareció por un momento que todo iba bien, pero habiéndose reconocido al rey, el coche hubo de volver a París. La capital recibió a la familia real en silencio, pero la excitación era intensísima y pronto circuló por todo el país la noticia de que el rey había traicionado al pueblo y que en adelante no podrían confiar en él.