De cómo el comandante descubrió a Ojo de Gavilán metido en una piel de oso


En la conmoción causada por la captura de Uncas, olvidáronse los indios, por el momento, de Heyward y de su fingida misión de parte de Montcalm, y sólo se acordaron de él cuando un jefe anciano salió para preguntar si el hermano blanco era entendido en la magia. El comandante, no sabiendo a qué le podría conducir su respuesta, y después de vacilar un poco, contestó que sí.

Diciendo que un espíritu malo se había apoderado de la mujer de uno de sus jóvenes guerreros, el indio condujo a Heyward a una cueva, junto a la montaña,'a poca distancia del campamento, donde yacía una joven, evidentemente muy enferma.

“Que el hermano blanco muestre su poder, dijo el indio al comandante. Yo me marcho. Hermano, esta joven es la mujer de uno de mis guerreros más valientes; haz lo que puedas por ella. ¡Quieto!, añadió haciendo una seña a un gran oso domesticado que volteando y gruñendo les había seguido al interior de la cueva. Me retiro.”

El indio dejó entonces al fingido mago en la cueva, y apenas se hubo aquél marchado, cuando el animal, que Heyward había tomado por uno de aquellos osos domesticados que tenían a veces en las aldeas indias, se levantó sobre sus patas traseras, y alzando su enorme cabeza, dejó ver la bronceada cara de Ojo de Gavilán, el explorador.