Encuentra Dantés el tesoro en la cueva y comienza su venganza


Dirigióse resueltamente Dantés mar adentro, nadando por las encrespadas olas que la naciente tempestad henchía, hasta que, afortunadamente, fue recogido a bordo de un velero a cuyo capitán explicó que era el único sobreviviente de la tripulación de un barco maltes que se había ido a pique; contóle una ingeniosa historia acerca de la larga cabellera que caía sobre sus hombros y la barba que le llegaba al pecho, diciéndole que las llevaba en cumplimiento de un voto que precisamente expiraba aquel día. Por el capitán supo que era el 28 de febrero del año 1829. Habían, pues, transcurrido catorce años desde que fue reducido a prisión. Preguntóse qué habría sido de Mercedes, quien seguramente le habría creído muerto, y el recuerdo de los tres hombres causantes de su larguísimo y triste cautiverio, encendió en sus ojos una llamarada de odio inmenso.

Ya en libertad y a bordo de un buque que hacía rumbo a Liorna, renovó el juramento de implacable venganza contra Danglars, Fernando y Villefort. Poco después encontró la cueva secreta en la isla de Monte-Cristo con todas sus deslumbrantes riquezas y tal como el malogrado abate había predicho. Tenía ya en su poder todos cuantos medios de venganza pudiera haber soñado en medio de la más feroz pesadilla un inocente que ha sido villanamente condenado.