El falso Quijote y los insultos de Avellaneda


Diez años después de aparecer el Don Quijote, se imprimió en las prensas de Felipe Robert, en Tarragona, el falso “Quijote”, de Avellaneda. Enseguida se advirtió que era éste el seudónimo que ocultaba el nombre de un envidioso enemigo de Cervantes, cuya personalidad verdadera aún no ha podido identificarse.

Al respecto dice Viardot: “Parecido a los ladrones que asaltan en despoblado y que injurian a las gentes que despojan, el pretendido Avellaneda comenzaba su libro vomitando toda la hiel de su corazón venenoso, rencoroso y lleno de envidia, lanzando a Cervantes las más groseras injurias”. La mesura y serenidad con que Cervantes contestó a los insultos de Avellaneda,

“Puesto ya el pie en el estribo Con las ansias de la muerte”,

han sido la admiración de todos los hombres sensatos y de elevados sentimientos; demuestran, además, la gran verdad del desventurado manco de Lepanto, cuando dijo que, en la adversidad, había aprendido a sufrir con inagotable paciencia las mayores desgracias y crueles sinsabores.