El brahmán y los potes


Entró en cierta ocasión a descansar un rato en la tienda de un cacharrero, un pobre brahmán, que llevaba por todo equipaje un cacharro, con alguna comida que le habían dado, y su bastón. Sentóse en el suelo, y, mientras descansaba, se puso a meditar.

-Si vendo esta comida que llevo -se decía-, podré, con el dinero que obtenga, comprar alguno de estos potes -y señalaba los que tenía almacenados el dueño.

-Luego venderé los potes y obtendré una buena ganancia, con lo que podré adquirir vestidos de ricas telas. Siguiendo así, con el tiempo llegaré a reunir un buen capital, con el que compraré una casa hermosa y se me ofrecerá ocasión oportuna de casarme. Y si mi mujer me saliese mala, agarraría el bastón y la castigaría así.

Al propio tiempo asió su bastón, y al hacer ademán de golpear con él, rompió el cacharro de su propia comida y algunos de los potes del dueño de la tienda.

El ruido producido por los tiestos le hizo volver a la realidad y percatarse de que la comida se hallaba esparcida por el suelo completamente sucia, y que instantáneamente se derrumbaban los maravillosos castillos que había levantado en el aire.

No cuentes tus polluelos hasta que hayan salido de los huevos.


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