EL ENIGMA DE LOS RAYOS CÓSMICOS


La Tierra está sometida a una constante lluvia o bombardeo de radiaciones, provenientes en su mayor parte del Sol. Sin embargo, una mínima parte de tales radiaciones llega hasta la misma superficie de la Tierra, en razón de que la atmósfera hace las veces de filtro. Si así no fuese, la vida desaparecería de la Tierra por los efectos mortales de dichas radiaciones. Y aquí tenemos un fenómeno curioso; el oxígeno, que es un gas consumido por los seres vivos, representa en la atmósfera el más importante elemento absorbente. De modo que los seres vivos más desarrollados no sólo aprovechan este gas para su respiración, sino que él, a su vez, los protege en la atmósfera de las radiaciones mortales provenientes del Sol.

Es evidente que los rayos que lleguen hasta la superficie terrestre serán los más penetrantes o de mayor energía. De todas las radiaciones descubiertas por los hombres de ciencia, las más penetrantes son las conocidas como rayos cósmicos. Su origen, que ha constituido, como veremos, un verdadero enigma para la Ciencia, no puede atribuirse al Sol, pues, al parecer, provienen del espacio cósmico.

Es notable el poder penetrante de estos rayos: al nivel del mar son capaces de atravesar paredes de plomo de un metro de espesor, pues el plomo es uno de los más eficaces absorbentes de radiaciones.