Los discípulos de Fra Angélico fueron dignos de su maestro


Benozzo Gozzoli fue uno de ellos. Se trata de un idealista de otro tipo, pues interpretó con la misma altura los temas profanos y los religiosos. Hay en él, como en su maestro, cierta tendencia para crear un arte visionario que se aleja de la realidad; con todo, fue considerado el mejor intérprete de los temas del Renacimiento. Sus principales frescos se encuentran en el palacio Riccardi de Florencia.

Discípulo de Fra Angélico fue también Tomás Guidi, il Masaccio, nacido a principios del siglo xiv; de vigorosa inspiración realista, trató de demostrar en sus cuadros que el arte debe explicar la vida misma y que ésta nada tiene que ver con la fantasía de los sueños. A pesar de que sólo vivió 27 años, fue uno de los pintores más importantes de la escuela florentina; consiguió elevar el arte pictórico a una altura desconocida hasta entonces; sus figuras ya no son ni rígidas ni torpes como la de los primeros tiempos: por el contrario, ofrecen toda la gracia de los seres humanos dignificados. Su principal obra la constituyen los frescos de la capilla de las carmelitas, en Florencia. La temática de este artista es muy variada; la perdición del hombre y su expulsión del paraíso, ciertos actos de los Apóstoles y otros temas bíblicos fueron sus preferidos.

Artistas de estilo y concepción muy diversos se hallan entre los influidos por il Masaccio. El más interesante de todos es Felipe Lippi, nacido en 1406. Pasó casi toda su vida en Florencia; se aúnan en su estilo el sentido místico de Fra Angélico y el realismo de il Masaccio. Su hijo Filippino (1457-1504), que era casi un niño cuando murió su padre, heredó la genialidad de éste y llevó a Roma la fama de la familia Lippi. En dicha ciudad se pueden ver algunas de sus obras más famosas, tales como las que representan ciertas escenas de la vida de santo Tomás de Aquino.