Paganismo y misticismo en Sandro Botticelli


Otra gran figura de esa época es Sandro Filipepi, llamado Botticelli, que nació en 1445. Empezó el oficio de platero en el taller de un tal Botticelli, de quien tomó el nombre, pues se estilaba entonces adoptar el del maestro. Posteriormente fue discípulo de Felipe Lippi. Asimiló y perfeccionó el estilo y la técnica de sus maestros. En su juventud sintió preferencia por los mitos y leyendas de la época clásica, de donde extrajo temas e inspiración para sus futuras realizaciones, pero luego fue un realista que se inspiró en escenas y figuras naturales, a las que infundió una profunda poesía espiritual, como lo demuestra su cuadro La Primavera, que hoy podemos admirar en la Galería degli Uffizi de Florencia. Poco después dejó la temática pagana para abordar temas de la mística cristiana. Tanto sus ángeles, con la cabeza ligeramente inclinada, como sus madonnas, llenas de encanto, o las simples figuras humanas de sorprendente realismo, como la de Venus emergiendo de las aguas, se nos brindan plenas de fuerza y vigor. Botticelli fue llamado a Roma, donde pintó tres magníficos frescos para la Capilla Sixtina.

Este infatigable artista tuvo tiempo, además, para ilustrar una edición de la Divina Comedia, de Dante Ali-ghieri, con dibujos de gran belleza.

A pesar de haber ganado mucho dinero, pasó los últimos años de su vida en la pobreza, aliviado sólo por una pensión que le pasaban los Mediéis, señores de Florencia. Además, esos últimos años fueron muy tristes, porque quedó ciego, lo que le impidió seguir cultivando el arte que tanto había perfeccionado.

No obstante las críticas que se puedan hacer a su obra, Botticelli es uno de los artistas más emocionantes de su tiempo y el único a quien Leonardo da Vinci citó en su famoso Tratado de la Pintura.

Otra gran figura de esta época fue Domingo Ghirlandaio, quien reveló un poderoso instinto para las grandes composiciones; claridad y vigor es lo que distingue su estilo.

Junto a él, Lorenzo di Credi, Piero della Francesca, el Umbriano, y tantos más, pertenecen ya al período en que el Renacimiento alcanzó su máximo esplendor con Leonardo, Miguel Ángel y Rafael.

En síntesis, se puede afirmar que la escuela florentina significó un verdadero movimiento revolucionario en materia pictórica y un esfuerzo intelectual tan grande, que pronto eclipsó la fama de la escuela de Siena.