La escultura moderna en Estados Unidos


En la primera mitad del siglo xix hallamos en Estados Unidos escultores autodidactos que realizan tallas en piedra o en madera. Luego, alguno viaja a Italia y estudia los modelos griegos y romanos, y los aplica a figuras de próceres, como hizo Horacio Greenough con la estatua de Jorge Washington, que aparece como César semidesnudo. Por esos años se levantan también estatuas ecuestres como las realizadas por Mills, Brown o Ball, pero la escultura estadounidense no alcanza un nivel considerable hasta la segunda mitad del siglo xix, en que se manifiestan los trabajos de Augustus St. Gaudens (1848-1907), Daniel Chester French (1850-1931) y John Quincy Adams Ward (1830-1910), quienes reflejan en sus obras el gusto imperante en la época.

A comienzos del siglo xx la escultura siguió más o menos de cerca a la pintura de Los Ocho, que atendía mucho a los temas urbanos y tuvo carácter costumbrista dentro de una técnica más libre e impresionista. Rodin y Meunier ejercían desde Europa una indiscutible influencia sobre Eberle, Haag, Borglum y muchos otros. Todavía en 1930 el costumbrismo interesa a los escultores, hasta que el surrealismo o el expresionismo hacen sus primeros intentos a través de Nathaniel Kaz y Anita Weschler. Después de esta fecha las nuevas tendencias abstractas irrumpen más claramente en Estados Unidos y aceleran la actualización de los escultores, quienes, abandonada la talla directa, empiezan a expresarse a través de formas libres y empleando los materiales más inesperados. Alexander Archipenko, ruso establecido en Estados Unidos en 1923, y otros europeos como Arp, Lipchitz y Henry Moore, han influido grandemente en esta nueva escultura, a la que se adhirieron Alexander Calder, Isamu Noguchi, Hugo Robus y otros.