VÍAS ANCHAS: LA CÁBALA


Los romanos construyeron una serie de caminos para comunicar entre sí todas las provincias del imperio, y fabricaron carros con las ruedas separadas por un eje de 1,50 m. Después los vehículos europeos se adaptaron, con escasas variantes, a esa dimensión. En las minas inglesas de carbón, ya en 1676, las carboneras corrían sobre rieles de madera distantes entre sí 1,50 m. En 1789, el borde saliente del riel fue pasado a la rueda, y el riel, a partir de entonces, fue hecho de hierro. En 1804, Richard Trevethic construyó una locomotora de vapor para arrastrar las carboneras, y en 1812 se emplearon regularmente las vías de 1,50 m. de separación. Al desarrollarse el ferrocarril se intentó acortar dicha distancia, pero la vía ancha de los romanos resultó ser la mejor, y hoy la tienen, prácticamente, todos los ferrocarriles principales.

La tradición oral entregada por Moisés a los hebreos recibía el nombre de cabbálah, es decir: recepción o tradición. Los hechiceros medievales sostenían que esa tradición los investía de poderes, y la magia negra recibió entonces el nombre de cábala, que finalmente vino a significar una doctrina secreta o mística. Cuando Carlos II de Inglaterra hizo caer el gabinete de lord Clarendon, los nuevos ministros intrigaron en contra del monarca. Por rara coincidencia, sus nombres eran: Clifford, Arlington, Buckingham, Ashley y Landordale, y tomando las iniciales de sus apellidos se lo llamó “gabinete cábala”, en alusión a la cábala mística. Luego, cábala tomó el sentido familiar de una negociación secreta y artificiosa.

Se emplea también esa palabra para designar a cualquier cálculo supersticioso para adivinar una cosa.


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