Manuel Pardo: una de las más influyentes figuras peruanas del siglo pasado


Cuando Manuel Pardo ascendió a la presidencia de la república peruana, en 1871, fue la primera vez que un civil ocupaba tan eminente magistratura, hasta entonces desempeñada por militares. De allí que al de sus sostenedores se lo haya llamado partido civilista. El pueblo lo consagró presidente por una gran mayoría de votos; pero una vez en el gobierno, algunas medidas lo tornaron impopular, de tal modo que antes perdió adeptos que incrementó su parcialidad.

Don Manuel Pardo había entrado en las lides políticas como ministro de Hacienda del gabinete dictatorial de 1866, que acompañaba al presidente Mariano I. Prado, integrado además por el doctor Toribio Pacheco, el doctor José Simeón Tejeda y don José Gálvez, el héroe de la Torre de la Merced, en el Callao.

Luego fue sucesivamente director de la Beneficencia de Lima y alcalde municipal de la Ciudad de los Reyes. Reformó la institución, especialmente en materia hospitalaria, procurando que la atención de los humildes fuera aumentada y mejorada. Durante la terrible epidemia de fiebre amarilla, púsose de relieve su humanitario espíritu al reconocerlo diariamente visitando a los enfermos, sin temor al contagio del terrible flagelo, abnegación filantrópica que lo enaltece.

Con estos antecedentes y la resonancia popular de los mismos, no pudo sorprender la proyección de su nombre a la candidatura presidencial, y menos aun el resultado de los comicios, aunque hubo de contender en ellos con el doctor Manuel Toribio Ureta, ministro que fuera del mariscal Castilla, y firmante, con éste, de los célebres decretos de liberación de esclavos y supresión del tributo que hasta entonces pagaba el indígena.

Empero, un sector del ejército se levantó en armas para impedir que Pardo tomara posesión de su cargo. La actitud de la escuadra, pronta a sostener el pronunciamiento popular, y el alzamiento del pueblo, para defender su soberanía, provocaron el fracaso del motín y la muerte de sus líderes. Pardo pudo entonces iniciar su gestión administrativa. Lamentablemente, al mismo tiempo se iniciaba la resistencia al presidente dentro mismo de las filas del partido que lo exaltara al poder.

Dos medidas fueron las que, principalmente, motivaron la conversión del movimiento civilista contra su antiguo líder. Una de ellas, el decreto sobre monopolio del salitre, tras el cual sobrevendría un choque de intereses con Chile que llevaría a la guerra; y la otra, el establecimiento del curso forzoso del billete de banco. Esta última obedeció a una necesidad apremiante y al programa financiero del presidente Pardo, reacio a solucionar los problemas de ese orden con el acostumbrado expediente del empréstito externo. Empero, la medida hirió los intereses del comerció y de los depositarios de fondos metálicos, a los que veían convertir de la noche a la mañana en papel, y en papel depreciado.

El decreto sobre el estanco del salitre de Tarapacá e Iquique, dos provincias codiciadas por Chile, tornólas hostiles al presidente y a su política, y las convirtió en base de operaciones del líder opositor don Nicolás de Piérola, figura que con la de don Manuel Pardo llenan, prácticamente, las últimas décadas del siglo xix en el Perú.

La definitiva batalla, que el presidente Pardo condujera en persona, dio la victoria a los defensores del poder legal, pueblo en armas que defendió con su sangre lo que había exaltado con su voto.

Concluido su período presidencial, Pardo se exiló, con motivo de haberse atentado contra su vida, en diversas oportunidades, sin que el gobierno del general Prado garantizara su seguridad personal.

Elegido posteriormente senador por Lima, Pardo volvió al país, a pesar de haberle advertido algunos amigos que se tramaba asesinarlo.

La influencia de don Nicolás de Piérola pesaba notablemente en el Senado, y la oposición militarista vino a sumarse a ella después de un extraordinario discurso de Pardo, en el que defendía un proyecto de reformas en el ejército; al reanudarse la consideración del mismo, y cuando el tribuno entraba en el palacio del Senado, un sargento de la guardia senatorial disparó contra él un tiro de fusil, hiriéndolo de muerte, y por la espalda.

De este modo pereció uno de los ciudadanos más notables de la República del Perú, cuando aún se podían esperar de su experiencia y de su virtud realizaciones tan importantes como las que prohijó para la reforma de la enseñanza primaria; la creación de la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas, o la concepción e iniciación del famoso proyecto del ferrocarril trasandino peruano, una de las obras más celebradas de la ingeniería moderna.

La tragedia del Senado, que cortó la vida de don Manuel Pardo, es una de las páginas más luctuosas de la historia peruana.