Sucesos en España. Liniers y Elío, divergencias entre ambos jefes


A tiempo que tales sucesos ocurrían en las márgenes del Plata, otros, no menos influyentes sobre el destino de estos pueblos, se desenvolvían en España, donde el rey Carlos IV había abdicado en 1808 a favor de su hijo Fernando, quien, con el nombre de Fernando Vil, fue reconocido y proclamado rey en España y América; pero ocupada España por los ejércitos de Napoleón con pretexto de la alianza contra Portugal, el Emperador negóse a reconocer al nuevo rey; logró atraer a éste y a su antecesor a que conferenciaran con él en Bayona. Allí impuso a Fernando que abdicara, restituyendo la corona a su padre, y a Carlos que la renunciara a su vez, trasmitiéndola a Napoleón, quien hizo proclamar rey de España a su hermano José Bonaparte.

El pueblo español se alzó en todas partes contra el intruso soberano; hizo a los ejércitos de Napoleón una guerra implacable y heroica, y, mientras no se reintegrara en el trono a su legítimo monarca Fernando, estableció en cada provincia una Junta de Gobierno, y luego se instituyó, con los diputados de estas corporaciones, la Junta Suprema de Gobierno de España e Indias, que se radicó sucesivamente en Aranjuez, en Sevilla y en Cádiz.

El conocimiento de los sucesos que se desenvolvían en la Península determinaba en las colonias la natural inquietud y expectación.

Desde que se supo que el emperador de los franceses intervenía, con miras ambiciosas, en los asuntos de España, Liniers, confirmado en mayo de 1808 por Carlos IV en la dignidad de Virrey, anticipada por la elección del pueblo, empezó a despertar, como francés, el recelo de algunos españoles de Buenos Aires.

Participaba de esta desconfianza hacia Liniers el gobernador de Montevideo, don Francisco Javier de Elío, tanto más cuanto que la gloria y la prosperidad conquistadas por el primero con su lucida conducta en la resistencia a las invasiones británicas, mortificaban el ánimo envidioso del gobernador.