Cómo se prepara la hoja para lograr un buen té


Se recogen las hojas tiernas, de los brotes que tienen cinco o seis, para clasificarlas en varias categorías y luego, dispuestas en amplios bastidores de madera o bambú, se secan al sol, en locales ventilados, o en cámaras caloríficas por las que circula una corriente de aire que las suaviza y blanquea. Inmediatamente son pasadas a una máquina en que se encogen, y en este estado son extendidas en cajones, que se cubren con telas húmedas. El calor y el jugo de la planta producen la fermentación, terminada la cual se procede a la torrefacción o tostadura, en hornos especiales o en recipientes giratorios. Este proceso sólo dura unos minutos, los necesarios para que todo rastro de humedad desaparezca por evaporación. Por último se aromatizan las hojas con flores de diferentes especies: azahar, rosa, jazmín y otras de agradable perfume.

Finalmente las hojas son clasificadas, según su tamaño y calidad, para lo cual se las pasa por diversas cribas. Hecho esto, el té está listo para su envase en cajas forradas con papel de plomo o de hojalata, que vemos en todas las tiendas y almacenes de comestibles de nuestras ciudades.