Cómo se hace el azúcar de remolacha


Aunque la caña de azúcar sólo es cultivada en los países cálidos, su rival, la remolacha, puede ser producida en tierras mucho más al Norte. El hecho de que cierta clase de remolacha contiene grandes cantidades de azúcar, fue demostrado por un alemán, Andreas Sigismund Marggraf, en 1747, aunque durante mucho tiempo no se aprovechó el descubrimiento. Allá por 1800 uno de sus discípulos estableció una pequeña fábrica, produciéndose en ella algún azúcar de remolacha, mientras duraron las guerras napoleónicas. Cuando terminaron éstas, se siguió haciendo por muchos años, algún azúcar de aquella clase, y en el último medio siglo, la producción remolachera ha estado aumentando muy rápidamente.

Gracias a una cuidadosa selección y a los buenos cultivos, la remolacha ha sido muy mejorada. Hoy se cultiva de mayor tamaño, con más jugo, y éste con doble cantidad de azúcar a la que se obtenía hace cien años. La remolacha de azúcar procede de una semilla que tiene que ser sembrada todos los años. Cuando el fruto está maduro, se la saca de la tierra, se le cortan los extremos y se le lleva a la fábrica o ingenio. Aquí son lavados, cortados en lonchas pequeñas y finas, y éstas colocadas en grandes tanques, en los que se hace entrar agua caliente, la que disuelve el azúcar de las delgadas lonchas. El guarapo que se logra, y el que contiene aproximadamente la misma cantidad de azúcar que el del jugo de la caña, es extraído después, y la masa que resta exprimida para sacar todo el zumo que haya todavía en ella.

El guarapo obtenido, como el de la caña, está lleno de impurezas, aunque éstas no son las mismas que en el guarapo de aquélla. Se le filtra, se le purifica, se le blanquea, se le evapora y se le echa en las centrífugas, igual que el guarapo de caña. El azúcar turbinado de caña es bueno para comer, como es sabido, pero el de la remolacha no, pues todavía contiene sustancias desagradables, y no se le puede usar hasta que no ha pasado por los distintos procesos de la refinería. De la misma manera, las melazas de la caña son buenas para alimentos, pero las de la remolacha no lo son; después de extraerse de ellas hasta el último resto-posible de azúcar, sirven para muy poco.

Hemos visto que hacer azúcar no es cosa sencilla. Hay mucho camino que andar para llegar del jugo de la caña o de la remolacha, al azúcar que ponen en nuestra mesa, que a muchos países llega desde muy lejos. Los Estados Unidos producen azúcar de una y otra clase, pero tienen que importar del extranjero, principalmente de Cuba, muchos millones de libras, para equilibrar su consumo, pues son los americanos los mayores consumidores de azúcar del mundo. Cuba es el país que más azúcar de caña produce; y Alemania el de remolacha.