Mapas cómodos pero que no son de fiar, sobre todo en los polos


¿Cómo resolvieron los cartógrafos la dificultad de representar nuestro redondo planeta en un papel plano? Una solución interesante fue la del holandés Mercator. Supongamos que tenemos un globo de vidrio sobre el cual se ha dibujado a la Tierra con todos sus accidentes geográficos. En su centro colocamos un foco de luz potente. Tomamos una hoja de papel y la arrollamos alrededor del globo, de manera que forme un cilindro!. Los rayos de luz que parten del foco proyectarán todos los detalles del globo sobre el tubo de papel. Si la hoja de papel conservara la imagen, al desarrollarla tendríamos sobre ella, una proyección Mercator de la Tierra.

Si repitiéramos la operación anterior, pero formando con la hoja de papel un bonete, tendríamos una proyección cónica. Si colocáramos la hoja abierta, perfectamente plana, rozando al globo en un punto solamente (“tangente al globo”, diría un matemático), la proyección así obtenida se denominaría gnomónica.

Todas estas proyecciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Daremos un solo ejemplo. La proyección Mercator, bastante buena, tiene una gran deformación en las zonas próximas a los polos. Groenlandia aparece mayor que América del Sur, lo cual es un absurdo. En realidad, es diez veces más pequeña.