El solitario y anciano morador del cabo Matapán


Muchos años ha, navegaba un barco cerca de la costa de Grecia. La oscuridad era tan grande que impedía al capitán orientarse; así es que decidió mantenerse al pairo hasta que a la mañana siguiente la luz solar le permitiera ver claramente adonde debía hacer rumbo.

Poco después de haber detenido la marcha, un marinero de a bordo gritó: “¡Se ve una luz!” Efectivamente, a lo lejos, como pálida y lejana estrella, brillaba una lucecita en la tiniebla que se extendía sobre el mar.

-”Ya sé dónde estamos -dijo el capitán-. Estamos cerca de las grandes rocas del cabo Matapán. Un buen viejo vive allí completamente solo; cuando oye el ruido que hace la máquina del barco comprende que éste corre peligro de chocar con las rocas, y entonces enciende su lámpara y la agita tal como ha hecho ahora, para indicarnos dónde nos encontramos”.

Sabiendo ya el capitán donde se encontraba, pudo poner otra vez el buque en marcha y seguir su camino con seguridad.

En muchos lugares los buques corren peligro de naufragar. Hay rocas invisibles, escollos contra los que podrían chocar durante la noche, y grandes bancos de arena casi a flor de agua, donde podrían quedar profundamente encallados. De estos peligros debe resguardarse a los barcos; pero, como no es posible que en todos y cada uno de estos sitios peligrosos haya gente que corra hacia la orilla del mar agitando luces, debemos en su lugar construir potentes faros cuyos haces de luz puedan distinguirse desde el mar a gran distancia.