Cómo tienden los castores un arco a través de la corriente


Con estos maderos, comienzan a construir su represa a través de la corriente. Después de colocar los troncos de plano, se zambullen hasta el fondo, o van a las orillas, y traen piedras y fango para revocarlos y afirmarlos. Para transportar el fango lo cogen con las uñas delanteras y lo sujetan entre éstas y la barba. Trabajan con gran ardor y rapidez; su obra no tarda en llegar a la superficie. Arrancan la corteza a las ramas de los árboles, pues les sirve de alimento, entretejen las ramas con los troncos, y siguen trabajando de este modo hasta que logran formar a través de la corriente un muro de troncos y ramas, unidos sólidamente entre sí con fango y piedras.

Si la corriente fluye con suavidad, construyen el dique en línea recta, desde una orilla a la otra; pero si aquélla es muy rápida, ejercería sobre él demasiada presión, por lo cual los castores, en este caso, hacen su dique en forma de arco, con el centro de su convexidad opuesto a la dirección que lleva el agua, multiplicando así su resistencia. El agua arrastra siempre maderas, detritus y otras muchas cosas, y los castores todo lo van recogiendo y reforzando con ello su dique, el cual, con el andar del tiempo, conviértese en una poderosa barrera. En su parte superior dejan una abertura para que corra el agua. Sin embargo, parte de ésta se interna por ambas orillas del cauce, que es precisamente lo que los castores desean.

Al cabo de algún tiempo, han derribado todos los árboles que había en ambas orillas; pero como es difícil la tarea de rodar o empujar los troncos de los que han cortado lejos de la corriente, esperan a que el agua penetre en la tierra y, o bien abren en ella canales adecuados, o bien ahondan los producidos por la corriente. Rodando los troncos hasta estos canales, los conducen después, flotando sobre el agua, al lugar en el que hacen la represa. Por este medio, los castores logran formar un lago o estanque frente a su madriguera. El agua de tal depósito es lo bastante profunda para no helarse hasta el fondo durante el invierno, de suerte que los castores no ven nunca sus casas bloqueadas por el hielo. Ahora ya pueden dedicarse a construir una habitación apropiada.