¿Por qué no podemos volar como lo hacen los pájaros?


Cuanto más estudiamos las distraías criaturas que viven en el mundo, más nos maravilla la forma en que se acomodan al género de vida para el cual han nacido. Si, por ejemplo, un ser está destinado a volar, cada una de sus partes se acomoda perfectamente a este fin. El cuerpo de las aves es lo más ligero posible; posee voluminosos pulmones que se hinchan de aire, y grandes espacios huecos. Sus huesos, por otra parte, son en extremo fuertes, comparados con su peso. La forma de su cuerpo, afilado por delante y provisto de curvas suaves, es la más a propósito para el vuelo. Sus plumas responden de un modo admirable al fin para que fueron creadas, y se hallan maravillosamente engrasadas para que el agua no las moje y haga descender al ave con su peso. Los músculos que utilizan para el vuelo son enormes en proporción al peso y tamaño de su cuerpo, y están dispuestos con relación a las alas de manera que produzcan el mayor rendimiento efectivo con el menor esfuerzo posible.

A diferencia de los pájaros, carecemos de plumas y de largos dedos unidos entre sí por medio de membranas, como los murciélagos. Como estamos creados para andar, la Naturaleza nos dotó de fuertes y vigorosas extremidades inferiores, o piernas, en tanto que los músculos de nuestros brazos son muy débiles, comparados con los correspondientes de las alas de los pájaros; la forma de nuestro cuerpo no es la más a propósito para volar, y así sucesivamente. Nuestra asombrosa inteligencia nos ayuda a construir máquinas para volar hasta otros mundos, inclusive, pero no será capaz de desvirtuar el hecho de que nuestro cuerpo no reúne condiciones para el vuelo por sí mismo.