EN UNA TEMPESTAD - José María Heredia


José María Heredia, el inmortal cantor del Niágara, era un rendido admirador de la Naturaleza, en su más amplia acepción: varias de sus composiciones más célebres las dedicó al Sol, a la Noche, al Océano, etc. Esta poesía suya describe magistralmente una tempestad en los Trópicos. La prosopopeya, o personificación que hace del huracán, es atrevida y hermosa. En toda la composición hay gran fuerza descriptiva, a la cual se aúnan, para avalorar aún más el poema, la valentía y belleza de los pensamientos que expone el poeta, utilizando brillantes metáforas.

Huracán, huracán, venir te siento
Y en tu soplo abrasado
Respiro entusiasmado
Del señor de los aires el aliento.

En las alas del viento suspendido
Vedle rodar por el espacio inmenso,
Silencioso, tremendo, irresistible,
En su curso veloz. La tierra en calma
Siniestra, misteriosa,
Contempla con pavor su faz horrible.
¿Al toro no miráis? El suelo escarban
De insoportable ardor sus pies heridos;
La frente poderosa levantando
Y en la hinchada nariz fuego aspirando,
Llama la tempestad con sus bramidos.

¡Qué nubes! ¡Qué furor! El sol temblando
Vela en triste vapor su faz gloriosa,
Y su disco nublado sólo vierte
Luz fúnebre y sombría
Que no es noche ni día...
¡Pavoroso color, velo de muerte!
Los pajarillos tiemblan y se esconden
Al acercarse el huracán bramando,
Y en los lejanos montes retumbando
Le oyen los bosques y a su voz responden.

Llega ya... ¿no le veis cual desenvuelve
Su manto aterrador y majestuoso?...
¡Gigante de los aires, te saludo!...
En fiera confusión el viento agita
Las orlas de su parda vestidura...
¡Ved!... En el horizonte


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