LAS CASAS VIEJAS - Sully Prudhomme


Todo lo que habla de dichas y dolores de la vida tiene en poesía un encanto especial. Sully Prudhomme, exquisito poeta y filósofo francés (1839-1907), halla en las casas viejas un tesoro de recuerdos de lo pasado, que le sugieren las inspiradas estrofas que siguen.

No amo las casas nuevas, lucientes,
Que tienen rostros indiferentes;
Amo las nobles casas vetustas
Que, como viudas siempre dolientes,
Guardan memorias tristes y augustas.

Fingen las grietas de la fachada
Surcos y arrugas en frente honrada,
Y hay en los vidrios esos reflejos
Que sorprendemos en la mirada
De los benditos y humildes viejos.

Puertas y muros son cual amigos
Que encanecieron siendo testigos
De mil bondades francas y ciertas:
Ellos brindaron dulces abrigos;
Ellas gozaron estando abiertas.

Perdieron brillo ricas molduras;
Manchó la herrumbre las cerraduras,
Que ni funcionan ni funcionaron,
Pues cual las almas buenas y puras,
Hondos secretos nunca guardaron.

En las alcobas y en los salones
Entre tapices y cortinones
Y entre damascos y terciopelos,
Encuentran siempre los corazones
Besos de padres, risas de abuelos.

Amo los claustros ennegrecidos,
Donde los vientos enfurecidos
Gimen y braman en lucha fiera,
Y en donde cuelgan sus pobres nidos
Las golondrinas en primavera.

Amo los techos apolillados,
Los altos techos artesonados
Cual firmamentos llenos de estrellas,
Y los peldaños que, por usados,
De muchos pasos conservan huellas.

Y amo, ante todo, la sala hermosa
Que a la familia reunió dichosa
Con las caricias de roja lumbre,
¡Sala bendita que hoy, silenciosa,
Se va rindiendo de pesadumbre!

Allí en edades que están lejanas,
Respeto hallaron las nobles canas;
Allí nacieron santos cariños,
Y allí, de labios de las ancianas,
Brotaron cuentos para los niños.

Mas ya son viejos los pequeñuelos;
Ya perecieron padres y abuelos,
Y artesonados y ensambladuras,
Al desplomarse, llenan los suelos
Como presagio de desventuras.

Pronto en el fuego que hay encendido
Darán postrero, débil crujido;
Pronto, muy pronto, no serán nada:
Como recuerdo del bien perdido,
Como esperanza ya realizada.

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Cuando entre llamas y entre carbones
Miro los restos de esas mansiones
Que. con respeto, vi envejecer,
Pienso que mueren las ilusiones
Y las benditas resignaciones
De algo que al mundo no ha de volver.