Cómo nació en el espíritu audaz del navegante el proyecto de la empresa


Pero Magallanes no había nacido para cortesano. En 1512 se alistó en la expedición que don Jaime de Braganza condujo a Marruecos, y combatió con gallardía en el sitio de Azamor. Vuelto a la corte, no halló la acogida que creía merecer; por esos días ya llevaba en mente el proyecto que lo habría de inmortalizar, y que, entre otros, conoció Faleiro, gran cosmógrafo que vivía entonces en Covilhá. Por otra parte, un compañero de viajes de Magallanes, llamado Serrao, que había realizado observaciones geográficas en la región de las Molucas, correspondíase con él. Observaba mapas, y en ellos notaba la circunstancia de la forma común a las partes australes de los continentes conocidos, lo que le llevaba a suponer que América se adelgazaría también en su extremidad meridional, terminando en un cabo, como Comori, o el de Buena Esperanza, o el de Moluca.

El desdén de la corte, real o imaginado, cayó sobre estos planes como un fertilizante, haciéndolos madurar. Puesto que aquel a cuyo servicio había consagrado años de su vida lo repelía y despreciaba, y la ingratitud que consumara la desgracia de don Francisco de Almeida lo alcanzaba ahora a él, Hernando de Magallanes se desnaturalizó del reino, tomando de ello constancia notarial, y se fue a Castilla a servir al rey Carlos. El tramontano rígido, sin ambages, renuncia a su nacionalidad para quedar en paz con su conciencia, y retira el pleito homenaje que aún existía entre los vasallos para con el rey.

En octubre de 1517 llegó a Sevilla: éste es el momento en que su empresa comienza.