El encuentro nocturno de tres hombres en la montaña


La crítica moderna rechaza como apócrifas muchas de las románticas relaciones que de siglo en siglo se han transmitido hasta nosotros; pero están en tan íntima compenetración con la historia del país e ilustran tan gráficamente el espíritu de aquellos tiempos, en que la unión o confederación de los estados se realizaba contra un poderoso enemigo, que no podemos menos de complacernos en oírlos contar una y muchas veces, aun reconociendo la falsedad de los detalles. La narración que nos ocupa es una de las tantas que sé podrían hacer.

En una verde pradera, sobre una rama del lago Uri, reunidos en la oscuridad de la noche, tres patriotas que habían tenido que padecer mucho de parte del gobierno de los Habsburgo, después de hablar extensamente de los graves motivos de queja que tenían, prestaron solemne juramento de libertar a su patria de los opresores, y devolverle sus antiguas libertades. Poco después uniéronse algunos amigos hasta el número de treinta y tres, y cuando, en una de sus reuniones, todos ellos levantaban la mano jurando formar una liga consagrada por estas palabras: “Uno para todos y todos para uno”, el sol doró con sus primeros rayos la cima de las montañas, como prometiendo éxito feliz para la nueva empresa. Los tres patriotas de Ruetli, considerados durante largo tiempo los héroes de Suiza, enseñaron a sus compatriotas la manera de resistir y salir victoriosos.

Hemos visto ya la leyenda de Guillermo Tell, el que disparó la saeta contra la manzana que habían colocado encima de la cabeza de su hijo. Por toda Suiza se ven estatuas y cuadros que se refieren a este hecho, y uno de los más hermosos poemas de Schiller ha difundido la leyenda de Guillermo Tell por todo el mundo.