Pedro el Grande logró transformar a Rusia


Cuando el joven monarca recorría Alemania, Holanda e Inglaterra, los partidarios del antiguo sistema se esforzaron por anular algunas reformas ya ordenadas por el joven Zar. La guardia imperial se sublevó, y Pedro debió volver inmediatamente para sofocar la revuelta. Una nueva rebelión sobrevino en 1716, en ocasión de otro viaje del Emperador. En ambas, la represión fue violenta y cruel. Después de afirmar de ese modo su autoridad, pudo realizar sus objetivos sin que mediara mayor oposición de parte de quienes se resistían a ellos.

Sus reformas fueron innumerables; puede decirse que transformó radicalmente a Rusia. Abolió la asamblea de los nobles e instituyó en su lugar un consejo consultivo, al que denominó Senado. Uno de sus decretos más resistido fue aquel por el que mandaba rapar las barbas y cortar los cabellos de sus súbditos; las barbas y las largas cabelleras eran una de las costumbres más antiguas, y por ese motivo fue necesario el empleo de la fuerza para hacer cumplir la orden imperial.

Otra de las grandes realizaciones de Pedro el Grande fue la construcción de la ciudad de Petrogrado, actual Leningrado, iniciada en el año 1703 e inaugurada nueve años después, a pesar de los ataques de los suecos y de las dificultades naturales del terreno.

La importancia que Rusia iba adquiriendo comenzó a preocupar a la nación preponderante en el norte de Europa, Suecia. También el zar de Rusia aguardaba una oportunidad para destruir el poder que impedía su expansión hacia el Báltico. Finalmente Rusia se unió con Polonia y Dinamarca para combatir a Suecia. El rey de este país, Carlos XII, era un notable genio militar y consiguió una brillante victoria sobre los aliados en la batalla de Narva, en el año 1700. Pedro no se desanimó; reorganizó su ejército y logró derrotar a los suecos en Poltava, en el año 1709. Después de la muerte de Carlos XII, Rusia pasó a ser la nación preponderante en Europa norte-oriental.

También en religión el gran monarca introdujo reformas. Suprimió el patriarcado de Moscovia y se proclamó jefe supremo de la Iglesia rusa.

Cuando este extraordinario emperador falleció, en 1725, Rusia contaba con un ejército de 200.000 hombres, perfectamente organizado y equipado, y con una escuadra de cincuenta naves de guerra.