Por qué le asomaron las lágrimas a Carlomagno mientras se hallaba mirando desde su ventana


Parte de su ejército, a las órdenes; de su amigo Rolando, fue atacado y aniquilado al cruzar por el paso de Roncesvalles, en los Pirineos, cuando volvía de luchar en España. Esta derrota fue el motivo de un gran poema: La canción de Rolando, la cual se cantó y recitó durante siglos en toda Europa occidental.

Cuéntase que, estando un día Carlomagno asomado a una ventana, vio' navegar algunas naves de los normandos, corsarios que, procedentes de Dinamarca y de otras regiones septentrionales, eran muy temidos porque saqueaban, devastaban e incendiaban las poblaciones costeras. De pronto, llenándose de lágrimas los ojos del emperador al contemplar sus largas y rápidas embarcaciones, dijo a los que le rodeaban: “No los temo por mí, pero ¡ay de los que vengan después de mí!”

Cien años más tarde, lo que Carlomagno había temido se había ya realizado; en efecto, desmembrado su imperio, en los reinados de sus débiles descendientes -el Gordo, el Simple, el Holgazán, son algunos de sus sobrenombres-, los osados piratas normandos penetraron en el país por el Sena y el Loira; primero lo devastaron, pero volvieron luego para fijarse en él. Carlos el Simple les cedió parte de su reino, a fin de que el resto pudiera quedar en paz.

En Ruán, antigua capital de Normandía, hay una estatua de Rollón, primer duque normando, que representa a este personaje, de pie, señalando el suelo, con una inscripción en la base que dice: J'y suis, j'y reste: “Aquí estoy, aquí me quedo”. Dícese que, cuando tuvo que rendir homenaje a Carlos el Simple por los territorios recientemente logrados, para lo cual debía arrodillarse y besar su pie, gritó el duque Rollón, con ojos chispeantes: “Nunca doblegaré mi rodilla ante nadie, ni le besaré el pie”. Por fin, se le persuadió que hiciese prestar el homenaje por alguno de sus guerreros, en representación suya. El normando delegado cogió el pie de Carlos tan rudamente, que el pobre rey cayó de espaldas.

Tan pronto como los normandos entraron en posesión tranquila de la agradable y rica región llamada ahora Normandía, se dedicaron a cultivarla, se convirtieron al cristianismo, edificaron iglesias y ciudades, y al poco tiempo hablaban el idioma que había pasado a ser el lenguaje de la mayor parte del país, desde el tiempo de Carlomagno, es decir, el romance francés, derivado del latín de los antiguos romanos.