Los cuatro grandes fiordos de la accidentada costa noruega


Hacia el Sur, se pasa junto a los roquedales de las islas Lofoten, siguiendo la gran costa, rasgada por numerosas hendiduras, producidas pollos glaciares descendentes de las grandes montañas del interior. Por esas cortaduras de la costa penetra el agua del Atlántico; y con la lluvia que acarrea su evaporación, el paisaje hácese más fértil y animado. Aun en el invierno los puertos están libres de hielo, a causa de los templados vientos del Oeste, que soplan a través del Atlántico desde el golfo de México. Entre los bellos e innumerables fiordos de la larga costa noruega, desde los cuales los habitantes se hacen a la mar, hay cuatro que por su magnitud revisten histórico interés, y son los de Trondhjem, Sogne, Stavanger y Oslo. El fiordo de Trondhjem es hermoso por su rica vegetación y por la ciudad de su mismo nombre, antiguamente llamada Nidaros, a la que hoy se considera cuna del reino de Noruega, ya que en ella se coronan sus reyes. Allí se realizó la célebre Thing o asamblea; en ella diose sepultura a san Olaf, a cuya tumba acuden innumerables peregrinos. La catedral de Trondhjem es el templo mayor de Escandinavia entera.

En las costas de Nidaros, o Trondhjem, y Bergen, fue donde se peleó más enconadamente cuando la guerra de Sverre. El fiordo de Sogne, situad do un poco más al norte de Bergen, es el más largo de todos los fiordos noruegos, pues tiene más de 1.600 kilómetros de longitud. En sus orillas alternan los acantilados de 1.300 metros de altura con estrechos bancos bajos de campos sonrientes y fragantes huertos; desde los acantilados se precipitan varios ríos al fiordo. El glaciar más grande del continente europeo se encuentra en el extremo interior del fiordo de Sogne.

Bergen -el pasto entre los montes-aparte de su celebridad por su historia y sus relaciones con la Liga Hanseática, es notable por ser el mercado pesquero mayor de Noruega. En ella se ofrece un pintoresco espectáculo cuando arriban a su puerto, procedentes del Norte, los primeros mercaderes de pescado y aceite de bacalao.

Stavanger es otro grandioso fiordo con vistas tan magníficas como las de Hardanger. La ciudad homónima es muy antigua y tiene una hermosa catedral dedicada a san Swithin. Junto a sus muelles vense buques de Newcastle, Hull, Rotterdam y Hamburgo, aparte de numerosos vaporcillos de cabotaje entre los pueblos de la costa y fiordos. En esta parte de Noruega y a causa de esta facilidad de comunicaciones marítimas, hay pocos ferrocarriles. Los habitantes, por lo tanto, van a la iglesia, al mercado y a la escuela habitualmente en bote.

Oslo, la capital de Noruega, está en la cabeza del bello fiordo del mismo nombre, próximo a la frontera sueca, y fue fundada por Cristian IV cerca del emplazamiento de la primera ciudad de Oslo. El tráfico de Oslo da una buena idea de los recursos y trabajos del país. De sus muelles se despacha madera, hielo, papel, adoquines, arenques y cerveza. Talleres de maquinaria, fábricas de clavos, astilleros, fábricas de tejidos de algodón abundan alrededor de la capital y todos están en actividad constante. Entre otras muchas cosas dignas de verse en Oslo y que ilustran la historia noruega, se cuentan los dos barcos vikingos, en los que antiguos jefes reposan con sus armas y tesoros, pues eran sepultados en sus naves de guerra. Contemplando esos barcos, en cuyo mástil se izaba la cuadrada vela mediante una polea, y viendo los agujeros para los remos, es fácil imaginarse el dragón áureo de cabeza de ave que llevaban en la proa, y los aguerridos hombres de flotante cabellera y relucientes escudos y lanzas, al salir de los pintorescos fiordos.

¿Y las madres y esposas que los contemplan al marchar? Todavía en las playas encuéntranse piedras erigidas por ellas con inscripciones dedicadas al hijo o al esposo que “se dio valientemente a la vela, pero que nunca más volvió”.