El ardor combativo de los estudiantes alemanes


El órgano de gobierno establecido por la Confederación Germánica era la Dieta, constituida por delegados de los distintos Estados; su objetivo superior era mantener la seguridad exterior e interna del todo y de cada una de las partes integrantes.

Pero las facultades del organismo no fueron jamás suficientes como para decidir con plena independencia en las cuestiones de mayor importancia: cualquiera de los países confederados podía demorar indefinidamente la cuestión de un asunto importante con sólo diferir su voto. La influencia ejercida en el seno de la Dieta por los representantes de los Estados más poderosos, especialmente Prusia y Austria, decidían las más de las veces un debate.

La década que siguió a la constitución de la Confederación Germánica se caracterizó también por la agitación nacionalista y reformadora de los estudiantes universitarios, que en algunos casos fue severamente reprimida. El centro de dicho movimiento fue la universidad de Jena. En dicha población apareció un periódico, llamado El amigo del Pueblo, escrito por Ludwig Wieland, en el que se defendían ideas tendentes a exaltar el liberalismo político y el sentimiento de la conciencia nacional alemana. Los estudiantes, reunidos en asociaciones universitarias, se distinguían por su ardor combativo; tales asociaciones se extendieron y multiplicaron en todos los Estados alemanes. El 18 de octubre de 1817 se reunieron unos quinientos muchachos en la Wartburg para conmemorar con una gran fiesta el aniversario de la batalla de Leipzig y el tricentenario de la Reforma; al finalizar los juegos gimnásticos se hizo una especie de imitación del acto de Lutero quemando la Bula, en la que se arrojaron a la hoguera atributos militares austriacos y prusianos y copias del Acta Federal. A partir de esta fecha la represión contra la agitación política de los estudiantes se hizo más severa, y se produjeron asesinatos políticos y muchos incidentes sangrientos.

Todo esto sirvió de pretexto al canciller austriaco, Metternich, para tomar medidas contra el movimiento liberal en todos los estados de la Confederación Germánica, de donde vino a resultar a la postre una verdadera tutela austriaca sobre todos ellos. Paralelamente, al tiempo que se acrecentaba su poder material sobre los pueblos germánicos, Austria perdía prestigio, y favorecía así indirectamente las aspiraciones de Prusia, único Estado que por su fuerza y su naturaleza puramente germánica podía llevar a cabo la obra de integración nacional. Prusia había resurgido de las guerras de liberación conducida por un régimen severo, pero inteligente, justiciero y previsor; las universidades de Breslau y de Bonn eran poderosos centros difusores de la idea nacional alemana, y allí se formaron hombres capaces de asumir la dirección de Alemania y de emprender la gran obra de su afirmación étnica y de su engrandecimiento.