Modificaciones que sufre nuestro alimento antes de asimilarlo el organismo


Hemos visto ya cuan importante es la saliva, no únicamente porque ablanda el alimento, sino porque contiene también un fermento especial, una sustancia química muy complicada, que tiene la propiedad de convertir el almidón en azúcar. No puede hacer nada más; pero en la mayor parte de nuestro alimento hay mucha cantidad de almidón, y todo él necesita ser convertido en azúcar para que pueda asimilarlo nuestro cuerpo. Al fermentar, se convierte en líquido, y éste ayuda a disolver en parte el alimento, haciendo que el resto sea digerido -es decir, fermentado- más fácilmente al llegar al estómago. Esta víscera no tiene bastante fuerza para digerir el almidón, y así es que puede ser de graves consecuencias el hecho de que cuando comemos no se produzca en la boca la suficiente saliva para que el fermento del almidón pueda mezclarse completamente con el alimento.

Si por apresuramiento tragamos éste antes de haberlo masticado bien, estamos expuestos a sufrir indigestiones. En cambio, si lo masticamos perfectamente, se produce mucha saliva en la boca; es cosa probada que la masticación excita la actividad de las glándulas salivales, y esto podemos comprobarlo a cualquier hora en nosotros mismos.