El zorro pagado con su misma moneda


(Cuento narrado por el cura)

Erase una vez una pobre viuda que vivía en una casa en cuyo reducido patio tenia un arrogante gallo llamado Chantecler. Una mañana despertó éste sobresaltado y contó a su compañera Pertelot la horrible pesadilla que había tenido, y en la que un animal parecido a un perro de caza le había estado amenazando continuamente. La señora Pertelot rióse de los imaginarios temores de su señor Chantecler.

-Eso es -dijo- resultado de una indigestión, y para combatirla debes tomar alguna medicina.

Mientras Chantecler iba enumerando historias de pesadillas, que luego habían resultado verdad, miraba fijamente a la cara de la señora Pertelot, y viéndola palidecer, convinieron en cambiar de conversación. Como había ya salido el sol, bajó Chantecler de su percha y dio varias vueltas alrededor del patio, como haría un león en su jaula, cloqueando cada vez que encontraba un grano de maíz.

Pero un día, mientras se paseaba arrogantemente e iba cantando por el patio bañado de sol, quedóse pasmado al contemplar un zorro que se había metido allí la noche anterior y se había escondido en un lecho de hierbas. Recordó entonces Chantecler su pesadilla y quiso huir, pero el zorro, dirigiéndose a él, dijole:

-¡Ay, gentil señor!; ¿por qué querías marcharte? No temas, que soy tu amigo. Vine solamente para oirte cantar, pues posees una voz tan dulce como la de los propios ángeles. Tu padre y tu madre han estado en mi casa y jamás oí a nadie, excepto a ti, cantar tan admirablemente como tu padre. Oigamos, pues, ahora si ores capaz de imitarlo.

Orgulloso Chantecler por las observaciones del astuto zorro, irguióse cuanto pudo, alargó el cuello, cerró los ojos y comenzó a cantar con toda la fuerza de sus pulmones.

En ese momento, el zorro, dando un salto, lo asió por el cuello y huyó con su presa hacia el bosque. La alarma que produjeron los gritos de la señora Pertelot y las demás gallinas, hizo que la viuda y sus hijas saliesen de la casa para enterarse de lo que ocurría, y viendo que el caso era grave, llamaron a los vecinos, quienes se unieron a ellas para dar caza al zorro. Jamás había aquella buena gente trabajado tanto como el rato que dedicaron a la caza del zorro y de Chantecler. Y mientras iba éste tendido y sin amparo en el lomo del zorro, ocurriósele al gallo un plan para fugarse.

-Querido señor mío -dijo a su raptor-, si yo estuviese en su lugar me volvería hacia aquellos orgullosos de allá abajo y les diría: “Ahora estoy cerca del bosque, el gallo se quedará en 61, y yo me lo podré comer cuando se me antoje, por más que hagáis para impedirlo”.

-Razón tienes que te sobra -contestó el zorro-; eso haré.

Y mientras hablaba, escapóse el gallo, yendo de un rápido vuelo a posarse en la rama de un árbol, fuera del alcance del zorro. Púsose éste a gritar diciendo que sentía muchísimo haber asustado al pobre gallo.

-Hícelo -decía- con la más sana intención; y si Chantecler tuviese la bondad de bajar del árbol, le contaría por qué he obrado de esa suerte.

Replicóle Chantecler que ya lo había engañado una vez. y que no lograría engañarlo de nuevo. Y así el astuto zorro fue pagado con su misma moneda: con adulación.