Remate de la larga novela y la gran felicidad que finalmenye logró conseguir David


David Copperfield, que había conocido todas las penas, era todavía muy joven, y le quedaba por hacer todo el trabajo de su vida; su fama de escritor crecía constantemente. Viajó por varios países extranjeros, durante algunos años, y, cuando volvió a Gran Bretaña, halló que su tía vivía cómodamente en su antigua casa, con la propia nodriza de él, Peggotty, ahora viuda, como su compañera. David empezó a recobrar su buen humor, antes que nada, y descubrió que Inés Wickfield era aún la misma mujer prudente y constante, de otras veces, y más hermosa que en los días felices en que los dos jóvenes vivían juntos en Canterbury. Su tía le hizo ver lo que él no había comprendido antes, que ambos, él e Inés, se amaban mutuamente, aun más que como hermanos, y así acabaron por casarse.

-Te he querido toda mi vida -dijo Inés a David, cuando él le declaró su amor-, y tengo que decirte una cosa: la noche en que murió, Dora me hizo un último encargo, y fue, sencillamente, que yo ocupase su puesto.