EL AMIGO DE LOS ESCLAVOS

 

Las primeras gestiones serias para abolir este comercio en el África Central debiéronse a un intrépido viajero inglés, sir Samuel Baker, quien, acompañado de su esposa, penetró en el lugar en donde más arraigada estaba la esclavitud y luchó contra ella a brazo partido. Este caballero había recibido del jedive de Egipto el mando de una expedición destinada a la supresión del comercio de esclavos, para lo cual disponía de una fuerza de 1.645 soldados; pero los oficiales egipcios, que en el Sudán ganaban muy buenas sumas de dinero con este tráfico inmoral, suscitaron tales obstáculos a la obra de sir Samuel Baker, que cualquier hombre menos animoso y decidido que él hubiera renunciado con desesperación a su empresa.

Todo parecía conjurarse contra el esforzado caudillo. Por el río, a la sazón escaso de caudal, no pudieron viajar los vapores que estaban a su disposición, de manera que, en vez de salir de Kartum con bajeles y animales de carga, hubo de hacerlo sin estos elementos. A pesar de todo, sin dar oídos más que a su valor, se aventuró a lo que parecía imposible, apoyado heroicamente en todo por su esforzada esposa, la primera mujer blanca que puso el pie en aquellas regiones. En cierta ocasión vieron llegar tres barcos, pertenecientes al gobierno de Fashoda. Sir Samuel se entrevistó con este dignatario y le preguntó si llevaba esclavos a bordo. El gobernador, mostrándose muy ofendido, contestó que se ocupaba únicamente en recaudar contribuciones; mas examinados los barcos, se hallaron a bordo unos setenta esclavos, además de ochenta y cuatro que estaban ocultos en la orilla. Pues bien, este oficial había asegurado a sir Samuel que, con su propia industria, tenía suprimido el comercio de esclavos en su distrito y que no se atrevía a entrar en él un solo traficante de negros.

Sir Samuel y ladi Baker declararon libres en el mismo instante a todos los esclavos, con inmensa alegría de estos desgraciados y amargo resentimiento del gobernador.

Otra vez, viendo pasar un bajel por medio del río, mandó detenerlo. Interrogado el capitán, declaró con fingida indignación que no llevaba a bordo esclavos, sino solamente grano. Introducida en el trigo una baqueta de rifle, oyóse un grito apagado debajo del grano y fue sacada una negra. En vista de este resultado se removió el trigo; nada menos que 150 esclavos había allí ocultos, todos los cuales recobraron al punto la libertad.

No tardó mucho sir Samuel en descubrir que no sólo eran los oficiales egipcios los principales traficantes de esclavos, sino que también el mismo gobierno, de quien había recibido el encargo de suprimir este comercio, había conferido igualmente a un negrero el derecho exclusivo de adquirir esclavos en una área de 145.000 kilómetros cuadrados.

No fueron suficientes para quebrantar su energía la traición de los oficiales de su propio ejército y el motín promovido entre las tropas; más todavía, cuando oyó que unos y otras estaban decididos a desistir de la expedición y regresar a Kartum, dejando así a los esclavos librados a su propia suerte, escribió en su diario: “Nadie retrocederá, a menos que sea por orden mía”. Y con todo, este hombre tan fuerte e inquebrantable, no pudo contener las lágrimas a la vista de un niño esclavo de once años que, cubierto de heridas, buscó refugio en su bote.

La fuerza de 1.645 hombres quedó reducida a solos 504, pero el valiente caudillo no se desanimó. “No desespero -dijo-. Estoy resuelto a que la reducción de mis tropas no paralice la actividad de esta expedición; a pesar de los pesares, he de conseguir el fin principal de mi empresa, os decir. la supresión de la esclavitud”. Continuando al sur, llegó con su esposa y un reducido ejército a Masindi, cerca de Victoria Nyanza. El rey lo trató como buen amigo, pero sir Samuel creyó oportuno tomar toda clase de precauciones.

Las continuadas pruebas de amistad que el rey le prodigaba, fueron causa de que el viajero perdiera poco a poco algo de su primitiva prevención, y en estas circunstancias, hallándose de paseo una tarde de un lado a otro en compañía de su esposa, desde los matorrales próximos les hicieron una descarga cerrada. Afortunadamente, escaparon ambos, pero el cuartel en que se hallaban sus tropas fue cercado por millares de indígenas armados, a quienes fue muy difícil rechazar.

La obra de sir Samuel produjo opimos frutos, por cuanto el comercio de negros quedó suprimido en todos los lugares que visitó. El libro en que trató de su expedición termina con las siguientes palabras: “No puedo menos de reconocer la acertada asistencia que he recibido, en unión de todas las personas relacionadas con la expedición al interior, de mi esposa, que cuidaba de los enfermos cuando nos hallábamos sin asistencia médica, y con amable ayuda confortó a muchos, cuya energía a no ser por ella, hubiera flaqueado”.

Livingstone, refiriéndose a Baker, dice así en una carta: “Actualmente, sir Samuel está ocupado en una empresa mucho más noble que el descubrimiento de los orígenes del Nilo: si llega a suprimir el comercio de esclavos, habrá hecho al género humano un servicio sin comparación, mayor que todos los míos juntos.”


Sabido es que, durante mucho tiempo, aun después de la reacción que se produjo contra el comercio de esclavos, continuó éste ocasionando graves males en el continente africano.